miércoles, 9 de noviembre de 2011

Zonas saturadas y latentes


Para los habitantes de la Región Metropolitana, hablar de contaminación, particularmente cuando se refiere a contaminación atmosférica, es una cuestión recurrente. Sin embargo, tenemos poca conciencia de lo que pasa en otras zonas del país; pese a que crecientemente se ha comenzado a hablar de la contaminación que provoca la leña en diversas ciudades del sur de Chile, poco sabemos de la contaminación que provocan las industrias en distintos lugares del territorio nacional en el agua, aire y suelo.

Abordar la problemática de la contaminación y entender qué es y cómo se determina una zona saturada o latente, o cómo se elabora e implementa un plan de descontaminación, es un tema complejo para el ciudadano medio y requiere contar con conocimientos respectos de la legislación ambiental chilena. Como consecuencia, este pasa a ser un tema de expertos del cual la ciudadanía queda marginada, aunque vive día a día sus consecuencias.

Lo primero que es necesario saber, es que en nuestro país existe un marco jurídico, una normativa que define conceptos y parámetros para determinar qué es y qué no es contaminación. La Constitucion Política de la República en su artículo 19 N° 8 garantiza el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, aunque esta disposición viene con “letra chica”, contenida en la Ley de Medio Ambiente N° 19.300, que define el concepto de contaminación como la presencia en el ambiente de sustancias, elementos, energía o combinación de ellos en concentraciones y permanencia superiores o inferiores, según corresponda, a las establecidas en la legislación vigente. Esto significa que sólo se entiende por contaminación aquello que está definido en alguna regulación vigente, es decir, si un contaminante -por ejemplo, “dioxinas”- presenta concentraciones que no están definidas, simplemente no es considerado un contaminante para las leyes del país.

Así, la forma que tiene la regulación chilena para reconocer un contaminante es a través del establecimiento de normas en relación al agua, aire o suelo, en las que se determinan concentraciones máximas permitidas. Estas normas pueden ser de dos tipos: de calidad o de emisión. Las normas de calidad establecen parámetros, es decir, niveles permitidos para un contaminante a nivel del país; es el caso de la norma del PM 2,5. En cambio, las normas de emisión son aquellas que establecen parámetros para uno o más contaminantes medidos en la fuente emisora, por ejemplo, la norma de emisión para centrales termoeléctricas.

Pese a contar con definiciones de conceptos y un marco regulatorio general, nuestro país no ha elaborado normas de calidad ni emisión para aire, agua o suelo para muchos de los contaminantes presentes en Chile. Es más, pese a que la ley ambiental es del 1994, el proceso de elaboración de normas ha sido extremadamente lento, lo que lleva a preguntarse por la razón de esta demora. La respuesta es bastante simple: según nuestro marco regulatorio aquello que no está normado no es contaminación y esto favorece el desarrollo de actividades productivas con bajo nivel de control.

La ley ambiental, además, acuña dos conceptos relevantes: el de zonas saturadas y latentes. Las zonas saturadas son aquellas en que una o más normas de calidad ambiental se encuentran sobrepasadas. En tanto, zona latente es aquella en que la medición de la concentración de contaminantes en el aire, agua o suelo se sitúa entre el 80% y el 100% del valor de la respectiva norma de calidad ambiental. Sin embargo, como hemos señalado, si no existe una norma, es casi imposible declarar una zona saturada o latente para uno o más contaminantes. Sólo excepcionalmente se puede establecer una declaración de este tipo monitoreando una zona particular en la que se presume que existen niveles altos para un contaminante, como ocurrió con los primeros planes de descontaminación, anteriores a la ley ambiental.

Para mayor complejidad y asombro de los ciudadanos, sólo se puede elaborar un Plan de Descontaminación en una zona que ha sido declarada como saturada para una norma de calidad ambiental, ya que el propósito de estos planes es volver a los límites permitidos en la norma de calidad.

Una vez clarificados estos conceptos resulta evidente que tenemos un grave problema como país, en primer término porque estamos extremadamente atrasados en la dictación de normas de calidad y emisión, que son el primer paso para establecer zonas saturadas o latentes.

Actualmente las zonas declaradas saturadas y/o latentes son Andacollo, Calama, Concepción, Temuco y Padre las Casas, Tocopilla y el valle central de la VI Región. En tanto, las zonas que cuentan con planes de descontaminación son Caletones, Chuquicamata, la Fundición Hernán Videla Lira, Potrerillos, el Complejo Industrial Ventanas, María Elena y Pedro de Valdivia y la Región Metropolitana.

Sin embargo, sabemos que existen muchos otros lugares en condiciones críticas; Así, respecto al material particulado 2,5, Santiago presenta un promedio anual de 24,9 ug/m {+3} (microgramos de material particulado fino por metro cúbico de aire), mientras que ciudades como Rancagua, Talca, Curicó, Temuco, Valdivia y Coyhaique, superan los 40 ug/m {+3}, muy superior a la recientemente norma aprobada por el Ministerio del Medio Ambiente, que fijó un límite de 20 ug/m {+3}, y que entrará en vigencia el 1 de enero de 2012. Pese a que esta situación se conoce desde hace años, y que en el caso de regiones se ha agudizado de manera persistente, estas ciudades no han sido declarados zonas saturadas o latentes. Una declaración de este tipo obligaría a establecer un monitoreo permanente, reducción de emisiones por parte de las industrias y en definitiva poner en marcha planes para garantizar la calidad de vida de las personas.

De acuerdo al estudio de Análisis General de Impactos Económicos y Sociales de la norma chilena, cerca de 10 de los 16 millones de chilenos viven diariamente con niveles que sobrepasan la norma norteamericana. Esto nos enfrenta a una situación compleja, ya que vivimos en un territorio que carece de normativa ambiental suficiente para garantizar que las personas no sean afectadas en su calidad de vida y salud cuando tienen que vivir en zonas cercanas a fuentes contaminantes, como por ejemplo, industria minera, termoeléctricas, celulosas, por nombrar sólo algunas.

Uno de los casos más evidentes y emblemáticos es el de Puchuncaví- La Greda, donde curiosamente está operando un plan de descontaminación desde el año 1992, pero que aparentemente no ha servido para reducir niveles de contaminación hasta lo permitido por la normativa vigente.

La pregunta de fondo es hasta cuándo las autoridades van a seguir evitando el tema y eludiendo la responsabilidad que tienen frente al país, pues hasta ahora, como en muchos otros temas, en materia ambiental nuestras autoridades han optado por cumplir sólo con los anuncios y titulares de los temas, pero en la práctica hay un vacío o abiertamente se engaña a la ciudadanía con la letra chica.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Humor en Twitter


Siempre se habla de las “redes sociales“ como potentes herramientas para la comunicación , la rápida información, la libertad y protección que nos da para poder expresarnos a favor o en contra del gobierno, etc. Pero pocas veces se habla de la inmensa capacidad que tiene para hacernos reír, y que es probablemente, una de las razones por las que muchos de nosotros tenemos cuentas permanentes.

Recuerdo que me reí mucho cuando Fernando Paulsen tuiteó sobre la gratuidad de la educación en Finlandia, y un tuitero le replicó con un “¿por qué le hecha mas carbón al fuego?” a lo que Paulsen respondió: “para que tus hijos sepan la diferencia entre echar y hechar”. Si bien es cierto no fue pensado como un chiste, se esparció rápidamente como tal y causó risa entre los lectores.

Hacer humor en Twitter no es fácil. La primera limitación son los benditos 140 caracteres. Se necesita una buena capacidad de redacción para poder escribir en unas cuantas palabras un chiste que logre en el lector una carcajada. Pero son esos mismos 140 caracteres lo que le da al humor en Twitter un encanto particular, ya que expresarse en ese escueto espacio, no es tarea fácil, y no cualquiera lo puede lograr.

Ejemplos de lo anterior:

@AleStuardo: “El metro es una máquina del tiempo; siempre me lleva al pasado. Al pasado a poto, al pasado a ala, al pasado a cigarro...“

@Fjmedina: “Quise hacerme judío pero al momento de la circuncisión no me dio el cuero”.

La segunda limitación es la red social en sí. Muchas veces el humor hiere susceptibilidades, especialmente cuando se bromea con personajes públicos. Lo que lleva a perder seguidores o a recibir comentarios negativos, como si se tratara de un público que abuchea y pide bajar al humorista del escenario.

Y eso es justamente Twitter para muchos, un escenario. Donde nuestros seguidores son nuestra audiencia y el RT es el aplauso.

Quizás la protección que nos da el anonimato en Twitter evita el miedo al ridículo y por supuesto expande nuestras posibilidades, al punto de bromear y ridiculizar a personas y personajes como si se tratase de amigos cercanos que en algún momento no determinado nos dieron su confianza para recibir bromas, pesadeces e insultos.

En cuanto al humor se trata, podríamos clasificar a los usuarios en distintos grupos:

Contingencia: Los personajes involucrados en los hechos noticiosos de la actualidad han sido fuente de inspiración para muchos usuarios. Por ejemplo, ya existen en Twitter cuentas como las de Sor Paula (@sor_paula), Karadima (@cura_karadima), e incluso el toro Frutilla (@_ToroFrutilla).

Politica: Existe una larga lista de tuiteros relacionados al humor político. En general, critican el desempeño del personaje al que hacen alusión. Destacan Rodrigo Hinzpotter (@Hinzpotter), Ena Ton Taer (@EnaTontaer), Camilo Escalopa (@CamiloEscalopa), Augusto Pinochet (@pinochet1973), Ricardo Lagos Webas (@LagosWebas), Francisco Widal (@FranciscoWidal).

Personajes: La idiosincrasia chilena da para todo, incluso para representarnos virtualmente. Este grupo de tuiteros hace humor a partir de las diferencias sociales, culturales y el uso del lenguaje como herramienta clave. Probablemente en este grupo están los tuiteros mas populares y si bien es cierto en algunos de ellos el total de sus twitts no son exclusivamente humorísticos, el estilo de escritura es la característica principal y la que causa gracia. Destaco a @elquenoaporta con su ironía y sarcasmo, @weonchaquetero, @Roto_ordinario y @ElProfesorNod por sus notables salidas de madre y a @flaitechileno con su humor escatolálico y por supuesto a su antítesis, @elABC1, con sus humor elitista y educado.

Comediantes: Profeso gran admiración por este grupo. Tuitero que se aprecie de tal debe tener por lo menos a uno de estos personajes en sus time lines. Estos son humoristas de tomo y lomo. Usan a su favor el lenguaje y la limitación de caracteres para idear chistes y juegos de palabras. Destacan: @AleStuardo, @alejomentirosky, @el_reguleque, @iamflaite, @fjmedina, @claudioalvarez, @parquearaujo, @jpolave.

Y así esta larga lista continua.

El humor es personalmente lo que más me gusta de esta plataforma de comunicación. La abundancia de chilenismos, bromas y chistes es material para escribir un libro. Pero mientras no se siga considerando al humor como un complicado ejercicio de creación y expresión, no existirá nunca el debate ni el reconocimiento a aquellos que se esfuerzan por hacernos sonreir.

jueves, 29 de septiembre de 2011

No tiene quien le escriba...


Todos saben bien las pretensiones del Alcalde de Providencia quien, producto de la movilización de los estudiantes secundarios, desea cerrar los establecimientos educacionales de la comuna, así como establecer reglas de selección asociadas al domicilio de los estudiantes, pues en su opinión los responsables de los “desmanes” y el “descontrol” son estudiantes de fuera de su comuna.

Aunque a estas alturas salvo él y sus subordinados, el resto de las instituciones y personajes públicos han repudiado su decisión, él la ha defendido sosteniendo que la ley lo respalda y que lo que ha tratado de hacer es respetar el Estado de Derecho y sostuvo que el que “está con la ley está conmigo”. Incluso afirmó que el propio Ministro de Educación sabía de las medidas que adoptaría, lo que sin embargo el propio Bulnes se encargó de desmentir.

Pero más allá de la discusión pública, el Alcalde Labbé se equivoca. La ley no está con él en relación a estas medidas. Es él quien se encuentra infringiendo la regulación en materia de educación.

Como el edil debiera saber, las municipalidades se encuentran sometidas a un doble estatuto en materia educacional. Por un lado, en su condición de organismos del Estado deben permitir hacer efectiva la garantía constitucional de acceso a educación gratuita y, por la otra, invisten la condición de sostenedores, en tanto son receptores de subvención escolar, sujetos entonces a las condiciones impuestas en tal modalidad por parte del Gobierno Central.

Bajo ambas condiciones, carecen de autonomía desde el punto de vista de los elementos determinantes de la política pública en Educación, quedando sujetas en todo a las regulaciones y autorizaciones del Ministerio.

En efecto, es la ley quien establece que los establecimientos no pueden disponer de criterios de selección, sino tan sólo criterios de admisión en donde, dado el contexto de la misma, no es posible imponer condiciones o exigencias de carácter particular, dentro de las cuales cabe el domicilio del alumno y, además, es la ley la que condiciona que las medidas que se puedan adoptar en dichos establecimientos se deben realizar considerando las reglas definidas y acordadas en la comunidad escolar (condición esencial en el actual marco regulatorio), y en relación con aquellas de carácter estructural, a la autorización del Ministerio de Educación.

El Alcalde olvida que la única hipótesis en que la ley admite como relevante el domicilio del estudiante y su familia, es en el caso de que un establecimiento opte por el financiamiento compartido con el consentimiento de los padres. En tal caso, la ley señala que no se puede excluir de la educación gratuita a quien no puede contribuir a dicho financiamiento, siempre y cuando esté domiciliado en la comuna. Fuera de esa hipótesis el domicilio no es un factor de selección.

Pero además, la decisión de Labbé afecta el núcleo del modelo de subvenciones ideado por el Gobierno Militar. Este descansa sobre la base ideal de que el estudiante y su familia son titulares de un subsidio que pueden utilizar en el establecimiento que elijan, de manera que genere los incentivos para que los colegios compitan por los mejores estudiantes con indiferencia del lugar donde ellos estén domiciliados.

Lo que hace el Coronel es actuar en contra de ese modelo y más bien preferir aquel en el cual la educación pública debe proveerse obligatoriamente por distribución territorial, lo que ciertamente atenta en contra del núcleo y corazón del modelo que él dice admirar.

El Alcalde olvida que el Estado de Derecho no es el que él declare como legítimo, si no que el que frente a la discrepancia lo resuelven terceros, como los jueces. El 26 de julio el Alcalde interpuso un recurso de protección en contra de los centros de alumnos de distintos colegios de su comuna, que se encuentra en actual tramitación (rol 10777- 2011) y cuya orden de no innovar, para proceder al desalojo, fue rechazada por la Corte, pese a lo cual igualmente actúo de modo unilateral, sin que los jueces resuelvan aún el fondo del recurso.

Actuar en sentido contrario supone que el Derecho lo definiría el Coronel. En tal caso se equivocó de siglo y de cargo. Este no es principios del S. XVIII y él no es Luis XIV.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Apagón de conciencia


Acabamos de vivir uno de los peores apagones de los últimos años. Una falla en el sistema de transmisión del SIC hizo que más de la mitad de los chilenos sintieran el desagrado y desamparo de vivir sin energía. Es de esperar que esta incomoda experiencia sirva para que reflexionemos y, lo que parece un hábito reflejo, como apretar el interruptor y que la luz aparezca por arte de magia, se transforme en comprender que lo que hay detrás de una ampolleta prendida es un complejo sistema técnico y de voluntades.

Hace mucho tiempo que se sabe que el sistema de transmisión del Sistema Interconectado Central (SIC) no da para garantizar la seguridad del sistema y que éste podría colapsar en un plazo no mayor a dos años. Actualmente, hay en evaluación ambiental proyectos de generación por más de 10.000 MW que requieren nuevas líneas de transmisión para materializarse, pero lamentablemente el proceso de aprobación de estos sistemas es cada vez más complejo, no sólo por estar sometido a una regulación obsoleta, sino porque el país no tiene la conciencia de lo que significa la energía.

Hace más de un año duerme en el Congreso un proyecto de ley que agiliza el trámite de constitución de concesiones eléctricas de transmisión, pero éste al parecer no es de interés de los Parlamentarios, los mismos que están pidiendo respuestas, explicaciones y responsables por el apagón del sábado. Y la misma ciudadanía que ayer no pudo hacer su vida normalmente es la que se opone a todo tipo de proyecto, como si la energía se generara y transmitiera de manera espontánea y remota. Finalmente, la autoridad gubernamental que hoy exige todo el rigor de la ley, es presa fácil del impacto comunicacional, capaz de ceder antes las presiones, incluso por sobre la ley… basta ver el caso Barrancones.

En vez de indignación deberíamos sentir vergüenza. Vergüenza de ser incapaces de una mirada estratégica como país en materia energética, al igual que muchas naciones asiáticas, europeas y, sin ir más lejos, latinoamericanos con los que ingenuamente pretendemos compararnos, competir e imitarnos. La única indignación que tengo, es comprobar que una vez más comienzan a aparecer los argumentos fáciles y simplistas que no hacen más que engañar a nuestro ciudadano que ya, saturado de abusos, opta por una visión parcial del problema.

El único y gran responsable de este apagón se llama Chile en su sentido más amplio: sus autoridades, políticos, ciudadanos y empresas. Este país no ha logrado generar la conciencia ni el apego estratégico suficiente que permita darnos cuenta de que todo lo que esta sociedad pide es energía. Lo queremos todo a cambio de nada. ¿Qué sacamos con discutir sobre matriz energética, invertir en energías renovables, limpias y alternativas si no se invierte en transmisión? La energía no se trasmite por generación espontánea, sino que requiere de líneas que afectan la propiedad ajena, alteran el medio ambiente y el paisaje. Es la sociedad la que debe ponerse de acuerdo en esta materia y son sus autoridades y políticos los que deben dar el tono de madurez a la discusión. Aunque eso cueste imagen y votos.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Dolorosas pero necesarias


En tres oportunidades distintas durante el día, el Presidente Sebastián Piñera se encargó de señalar que todo apunta a que fue un brusco cambio en las corrientes del viento lo que provocó la caída del avión CASA C-212 en el archipiélago de Juan Fernández. Pero no sólo eso. Planteó taxativamente que el vuelo respetó todos los protocolos de la Fuerza Aérea. El mandatario sabe del tema. Es piloto y fue dueño de una de las aerolíneas más importantes de Latinoamérica. Aún así, persisten muchas dudas. Demasiadas.

Es probable que las condiciones climáticas hayan sido efectivamente las causas de la tragedia, pero sería necesario aclarar si el avión pudo haber tenido posibilidades de maniobrar de forma más efectiva.

Desde la FACH se ha insistido en que el avión había cumplido con los tiempos de vuelo programado y, por lo mismo, tenía reserva de combustible necesaria para efectuar varios intentos de aterrizaje. Lo que no se ha despejado con total claridad es si la nave llevaba sobrepeso. De haber sido así, y aun cuando haya cumplido con el cronograma de viaje, un exceso de peso le habría hecho consumir más combustible.

El CASA lleva la sigla de C-212, que corresponde a la inicial del fabricante, al número de motores (dos en este caso), y al número de pasajeros que se planteó como objetivo: 12. Aunque las naves han sufrido variaciones, el aparato accidentado se adaptó para transportar a un total máximo de 22 personas, y el viernes iba con 21: 18 pasajeros más tres tripulantes. La pregunta es si esa adaptación incluyó mayor potencia en sus motores para soportar mayor peso.

A la duda anterior se agrega otra. El material de construcción para la ONG “Levantemos Chile” pudo haber generado aún más sobrepeso. Si esto es así, la nave pudo haber consumido más combustible de lo normal y tuvo que afrontar el aterrizaje en condiciones de inestabilidad.

Los que lo conocen bien describen al CASA como un “camión con alas”. Al tener tren de aterrizaje fijo, su desempeño aerodinámico es escaso. Esta nave tiene capacidad STOL, es decir, para despegues y aterrizajes cortos, y por lo mismo no está diseñada para maniobras complicadas. No al menos si lleva exceso de carga.

Bien se podrá contra-argumentar que esta clase de aviones ha viajado muchas veces a zonas como Juan Fernández y otras, y que no conocíamos de accidentes. Las estadísticas demuestran lo contrario. En Chile suma varias tragedias, incluyendo 11 muertos cerca de Cabildo en 1986, otro en Rancagua en 1995 y 14 en Michimahuída en 2000. A nivel global y considerando la cantidad de CASA construidos desde 1971, se reporta casi un muerto por avión fabricado. Así lo muestra el sitio Avitation Safety Network, que reúne las estadísticas mundiales de la seguridad aeronáutica.

Esta tragedia puede convertirse en una buena oportunidad para revisar también otras disposiciones que han levantado dudas en estos días. Según la reglamentación chilena de procedimientos aeronáuticos (DAP) 11 107 párrafo 1.1.3 señala que "no se permite la operación de vuelos hacia la Isla Robinson Crusoe de aeronaves que no cuenten con aeródromo de alternativa de destino". En español simple significa tener combustible para ir y volver porque no hay otra pista cerca. Quizás no es el motivo del accidente, pero habría que aclarar si se infringieron las normas.

Tema aparte son las características topográficas del archipiélago de Juan Fernández. Su pista de aterrizaje está ubicada en un peñón y expuesta a fuertes vientos y condiciones meteorológicas en extremo cambiantes. Es una de las más cortas del país, con 1.018 metros de longitud y tiene un ancho de 18 metros. Está construida de asfalto, lo que impide que aterricen en ella aviones con un peso superior a los 7.500 kilogramos. Es decir, no pueden acceder a ella aviones pesados -la razón por la cual el Hércules enviado el viernes tuvo que devolverse- y que, además, puedan efectuar despegues y aterrizajes cortos.
Para poder llegar vía aérea a Juan Fernández, los aviones deben cumplir una serie de requisitos dispuestos por la Dirección General de Aeronáutica Civil, DGAC, tales como contar con elementos de salvación marítima y equipos de comunicación especial. ¿Los tenía el CASA accidentado?

Como el aeródromo de Juan Fernández no tiene un tráfico intenso, no cuenta con torre de control. Tampoco existe un servicio meteorológico que pueda informar en forma precisa de las condiciones actuales y no tiene procedimientos de aproximación instrumental. Para poder aterrizar, los pilotos deben sobrevolar la pista, chequear que esté despejada, y observar la manga de viento para calcular al ojo la dirección y velocidad de este.

Después del tsunami, Juan Fernández se convirtió en una de las zonas más simbólicas del país. Todos nos conmovimos ante la historia de Martina Maturana, la niña de 12 años que esa madrugada del 27 de febrero de 2010 corrió a tocar el rudimentario gong para alertar a los isleños del tsunami que los azotaría.

Se hicieron promesas. Promesas de no olvidarlos. No dejarlos tan aislados. Ha pasado un año y medio y el gong sigue estando ahí. El aeródromo sigue siendo igualmente precario y las comunicaciones igualmente inestables. Moros y cristianos, Gobierno y oposición, todos dieron su palabra e hicieron ofrendas de mejores condiciones para una zona soberana tan clave como abandonada. Los pocos que estaban honrando su compromiso fueron los mismos que murieron en esa misión.

Una última cosa. Al no ser un vuelo comercial sino militar, no hay seguros para ninguno de los pasajeros. Un detalle que cobra especial importancia considerando que varias de las víctimas fatales dejan hijos, entre ellos el matrimonio de Sebastián Correa Murillo y Catalina Vela, padres de Laura, de 11 años; Sebastián, de 8, y Leonor, de 5.

En tiempos de dolor, las lágrimas opacan las preguntas incómodas. Que la pena no nos niegue las respuestas del por qué este accidente nos quitó a un puñado de hombres y mujeres que no habían echado al olvido al olvidado Juan Fernández.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Todos mienten


“Todos mienten” es una de las citas más conocidas y, curiosamente, no fue dicha por algún libre pensador sino que por un personaje ficticio: el mítico doctor Gregory House. La frase fue acuñada en un capítulo en que House asegura que los pacientes no dicen todo a sus médicos cuando son interrogados para descifrar la causa de sus síntomas. Y que, además, la enfermedad también miente al mostrar síntomas complejos sin un origen evidente. Creo que en Chile está pasando algo similar.

Esta semana he seguido en silencio el debate sobre educación. Y mi conclusión es que… ya no entiendo nada. Lo que partió como una reivindicación social a un sistema que lleva años formando a los mismos que hoy están tomando las decisiones en el gobierno, ONGs, empresas y universidades, derivó en exigencia de reformas constitucionales, asambleas, educación gratis, de calidad, sin lucro, equidad, inclusividad, e incluso, una nueva democracia. ¿En qué minuto me perdí en los discursos que ya casi no se habla de educación y las posturas se volvieron intransigentes, en que unos exigen respuestas a un 100% de sus demandas y los otros culpan de manipulación a los partidos? ¿Cuándo quedaron fuera las preguntas correctas? ¿Cuándo se dejó de pensar en el otro sin transparentar los reales intereses detrás de quienes han llevado a la radicalización de todo? En menos de seis meses Chile ha cambiado. Y no sé si para bien o para mal.

¿Por qué es importante hacernos las preguntas correctas?

A unos pocos kilómetros, en Brasil, se sigue construyendo y declarando un norte potente: ser potencia científica y tecnológica. Una declaración fuerte y con gran impacto, que se plantea ser parte del G20 en gloria y potestad.

El Ministerio de Ciencia y Tecnología ha invertido US$2.000 millones en la creación de 75 mil becas de posgrado para la formación de científicos e ingenieros en las mejores universidades del mundo. No contentos con eso, han dado pasos gigantes en el desarrollo de nuevos combustibles, incluso midiendo cuan verdes son sus compañías a través del Green Bovespa, en que los inversionistas pueden decidir sus inversiones pensando en compañías que hacen negocios “acorde a los nuevos tiempos”. Además, el sector privado aportó con 25 mil becas y se busca atraer a mil doscientos científicos de relevancia internacional, situando el foco también en mejorar la calidad de la educación básica porque se cree en que "un gobierno no debe apoyar a la ciencia, sino que apoyarse en la ciencia".

En mi experiencia me ha tocado numerosas veces enfrentar y desafiar a alumnos, quienes abiertamente declaran que las matemáticas, física, química o biología -“las llamadas ciencias duras”- no son de su agrado. Esto se extiende en los colegios, donde esas materias se consideran “impasables”, por lo que muchos optan por lo que creen más fácil -las mal llamadas “ciencias blandas-, tratando de evitar lo que hoy fundamenta el desarrollo de los países y el conocimiento en que se sustenta en la educación.

En temas ambientales esto se ha exacerbado. Mientras en el extranjero las palabras desarrollo, innovación e investigación han llevado a las nuevas economías a migrar a verdes y bajar la intensidad de carbono, en Chile se compran tecnologías afuera y se venden internamente sin ningún desarrollo. Pero eso sí… pintados de verde.

Esta semana me tocó asistir a dos grandes iniciativas que buscan dar impulso al espíritu verde de nuestro país: El seminario de Peter Senge sobre “Una Revolución Necesaria” traído por Seminarium, y la Cumbre de Sustentabilidad de la revista Capital. En ambos, me encontré con muchos que, como yo, trabajan en proyectos específicos sobre el tema, pero me llamó la atención que un porcentaje no despreciable de los asistentes en los pasillos declaraba que todo era marketing, que a pesar de que ellos buscaban promover la sustentabilidad en sus empresas a nadie le interesaba. O peor aún, que muchos ni siquiera conocían el término, aunque se paseaban hablando con propiedad de “cuan verdes eran”, al más puro estilo de una Sustainability Fashion Summit.

Peor aún, muchas empresas se declaran públicamente ser “carbono neutrales” o nos invitan a “sacar el hippie que llevamos dentro”, como si pagar por lo contaminado los librara de compromisos ambientales de reducción, eficiencia y menor impacto, sin escuchar a los expositores que explicaban que esto va mucho más allá de las relaciones públicas y que requiere de innovación, conocimiento y desarrollo.

A nivel de gobierno -y no sólo del actual- la conflictiva relación entre medioambiente y sociedad no se ha resuelto. Hemos firmado cuanto acuerdo internacional existe comprometiéndonos para el 2020 con un 20% de Energías Renovables No Convencionales. Hemos declarado nuestras intenciones de ser una “economía verde”, pero seguimos arrastrando casos como el de Ventanas en que familias completas están expuestas a emisiones, plomo y arsénico sin saber qué hacer, y donde se siguen aprobando centrales a carbón y hasta sus minas.

Al tratar de amarrar todos estos puntos, aparentemente inconexos, la pregunta es ¿en qué minuto se conectan?, ¿en qué momento dejamos de pensar en las futuras generaciones? Las decisiones y acciones que se toman hoy en materia educacional afectarán directamente a mis hijos. Los resultados de esas decisiones, afectarán a todo un sistema educacional y decidirán si cruzaremos o no la línea del desarrollo, de cuan innovadores seremos y, por qué no decirlo, cuan sustentables.

El gran problema es que cualquier decisión que se adopte hoy dará frutos en la próxima generación, entre quienes quizás empiecen a trabajar por un Chile Sustentable. Y lo que ellos hagan, tendrá consecuencias en la generación de mis nietos, la primera que viva en el Chile que hoy no estamos pensando.

Como todo está revuelto y, como dice doctor House, todos mienten, hoy solo puedo estar seguro de una cosa: existe una educación gratuita en el mundo, la que puedo inculcarle a mis hijos, enseñándoles a respetar, a no destrozar, a no mentir, a no robar, a ser responsables, esforzados y a pensar en sustentabilidad. Como lo decía mi abuela, quien sí pensó en mi generación, “la mejor educación comienza en casa”.

viernes, 5 de agosto de 2011

Qué nos pasó


Estoy bloqueado. Quiero escribir algo sobre lo que pasó ayer, pero no sé por dónde empezar. Son demasiadas aristas, demasiados intereses, demasiadas (malas) decisiones tomadas de lado y lado.

Podría, por ejemplo, partir por criticar la no autorización de las marchas de los estudiantes. Gesto prepotente, innecesario, que creo no hizo sino detonar la rabia acumulada. Para muchos no se trataba de marchar por la educación, sino de marchar porque nadie puede impedirlo. Pero no sé si es el comienzo que quiero.

Podría también comenzar preguntando cómo llegamos a esto. En qué minuto una demanda legítima por un tema fundamental perdió el rumbo y mutó en caos, en miles de estudiantes –y no estudiantes– gritando contra Carabineros, contra el gobierno… contra cualquier cosa. Gritos por educación, ayer no escuché ninguno.

Otra posibilidad sería comenzar condenando las palabras de Jaime Gajardo, eterno presidente del Colegio de Profesores, una vez más –y como siempre– siendo parte del problema y no de la solución. El mismo que ayer vertió expresiones –unos dicen antisemitas, otros xenófobas, a mí me da lo mismo el calificativo– absolutamente inapropiadas, que en nada ayudan a la solución del conflicto.

También, por qué no, podría partir con un chiste fácil del tipo “el aire está enrarecido, y no me refiero a las lacrimógenas”, pero no me convence. O hablar de las cacerolas sonando como hace muchos años, y de cómo tuve que explicarle a mi hija –que no podía dormir con el ruido y no entendía de qué se trataba– que eso era porque queremos que todos los niños, no importa su condición, puedan tener una buena educación.

Podría, sí, partir criticando el actuar de Carabineros, absolutamente desmedido y casi fuera de control, con guanacos, zorrillos, bastones, escudos, lacrimógenas y todo el etcétera de instrumental disuasivo/represivo que conocemos. O el de los manifestantes, destruyendo todo a su paso.

No sé, sinceramente, cómo partir. Sí tengo claro cómo cerrar: no me gusta lo que está pasando en nuestro país. No me gusta la intransigencia, la polarización, la falta de diálogo. No me gusta el absolutismo, el “la culpa es del otro”. No me gustan los empates morales, ni la desigualdad que vemos día a día. Hoy, me apena decirlo, no me gusta Chile. Y lo peor –lo que de verdad no me gusta– es que no veo por dónde se comienzan los arreglos.