Acabamos de vivir uno de los peores apagones de los últimos años. Una falla en el sistema de transmisión del SIC hizo que más de la mitad de los chilenos sintieran el desagrado y desamparo de vivir sin energía. Es de esperar que esta incomoda experiencia sirva para que reflexionemos y, lo que parece un hábito reflejo, como apretar el interruptor y que la luz aparezca por arte de magia, se transforme en comprender que lo que hay detrás de una ampolleta prendida es un complejo sistema técnico y de voluntades.
Hace mucho tiempo que se sabe que el sistema de transmisión del Sistema Interconectado Central (SIC) no da para garantizar la seguridad del sistema y que éste podría colapsar en un plazo no mayor a dos años. Actualmente, hay en evaluación ambiental proyectos de generación por más de 10.000 MW que requieren nuevas líneas de transmisión para materializarse, pero lamentablemente el proceso de aprobación de estos sistemas es cada vez más complejo, no sólo por estar sometido a una regulación obsoleta, sino porque el país no tiene la conciencia de lo que significa la energía.
Hace más de un año duerme en el Congreso un proyecto de ley que agiliza el trámite de constitución de concesiones eléctricas de transmisión, pero éste al parecer no es de interés de los Parlamentarios, los mismos que están pidiendo respuestas, explicaciones y responsables por el apagón del sábado. Y la misma ciudadanía que ayer no pudo hacer su vida normalmente es la que se opone a todo tipo de proyecto, como si la energía se generara y transmitiera de manera espontánea y remota. Finalmente, la autoridad gubernamental que hoy exige todo el rigor de la ley, es presa fácil del impacto comunicacional, capaz de ceder antes las presiones, incluso por sobre la ley… basta ver el caso Barrancones.
En vez de indignación deberíamos sentir vergüenza. Vergüenza de ser incapaces de una mirada estratégica como país en materia energética, al igual que muchas naciones asiáticas, europeas y, sin ir más lejos, latinoamericanos con los que ingenuamente pretendemos compararnos, competir e imitarnos. La única indignación que tengo, es comprobar que una vez más comienzan a aparecer los argumentos fáciles y simplistas que no hacen más que engañar a nuestro ciudadano que ya, saturado de abusos, opta por una visión parcial del problema.
El único y gran responsable de este apagón se llama Chile en su sentido más amplio: sus autoridades, políticos, ciudadanos y empresas. Este país no ha logrado generar la conciencia ni el apego estratégico suficiente que permita darnos cuenta de que todo lo que esta sociedad pide es energía. Lo queremos todo a cambio de nada. ¿Qué sacamos con discutir sobre matriz energética, invertir en energías renovables, limpias y alternativas si no se invierte en transmisión? La energía no se trasmite por generación espontánea, sino que requiere de líneas que afectan la propiedad ajena, alteran el medio ambiente y el paisaje. Es la sociedad la que debe ponerse de acuerdo en esta materia y son sus autoridades y políticos los que deben dar el tono de madurez a la discusión. Aunque eso cueste imagen y votos.
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