
Parece el trabajo ideal. Como sueldo bruto se ofrecen 6 millones 94 mil pesos, y se reajusta por IPC en enero de cada año. Y aunque, claro, descontados impuestos y cotizaciones provisionales, la renta líquida queda en 4 millones 450 mil pesos, dependiendo del puesto puedes llegar a ganar en asignaciones especiales hasta 9 millones 380 mil pesos.
Te pagan todo: gastos de representación por 2 millones 77 mil pesos (que además no hay que rendir), bencina, te dan 48 pasajes de avión ida y vuelta al año a cualquier destino dentro de Chile y otros 12 tickets liberados, es decir, endosables. Si además se necesita viajar fuera del país, se ofrece un descuento de un 10% en Lan.
La cosa no queda ahí porque además de la oficina central de trabajo, el puesto estipula el pago del arriendo de una segunda oficina con internet más servicios básicos, 500 mil pesos para teléfono de red fija y celular, dos computadores, impresora y 12 mil fotocopias gratuitas anuales.
Como el puesto en cuestión no es cualquiera, se necesita de secretaria, que por supuesto viene incluida en la oferta. No sólo eso, sino que hay 2 millones 249 mil pesos disponibles para contratar asesores.
Ah, se me olvidaba. El ofrecimiento incluye un millón 200 mil pesos para auto y chofer mensual.
El trabajo parece fácil, pero tiene algunas complejidades. De cuando en cuando hay que discutir con los compañeros de oficina y sentarse a negociar con la competencia. Eso sí, de no llegar a un buen acuerdo, no se arriesga despido alguno. De hecho, el sistema que se utiliza para llenar la vacante casi siempre garantiza el puesto de por vida, aunque cada cuatro u ocho años, dependiendo del cargo, el trabajador se somete a una evaluación que, dado el método usado, es casi un mero trámite.
No hay que ir todos los días a la oficina. De hecho, oficialmente hay que marcar tarjeta seis veces al mes, dos por semana excluyendo la cuarta, en la que se confía que el trabajador contratado esté supervisando en terreno su pega.
Puesto así, el trabajo parece sencillo. Un regalo. Ciertamente no lo es. Senadores y Diputados, los trabajadores de los que hablamos en cuestión, saben de los sinsabores de su oficio, pero tendrán claro, supongo, que su ocupación se acerca mucho más a una pega ideal que a un quehacer tortuoso, indeseado y de mala paga. Por lo mismo no dejan de sorprender las declaraciones de la Senadora UDI Ena Von Baer, designada a dedo en el cargo sin haber pasado por el trámite de la elección popular, cuando dice este lunes en el diario La Tercera que “la política es dura y muchas veces uno tiene ganas de tirar la toalla". No hay duda que miles de chilenos quisieran las retribuciones que acompañan su puesto.
El trabajo legislativo ha estado duro. Pero seamos justos. De un total actual de 38 senadores, desde marzo a la fecha sólo dos de ellos tienen un 100% de asistencia. Se trata del Radical José Antonio Gómez y la DC Ximena Rincón. En el caso de los diputados, de un total de 120, sólo 8 no han faltado nunca a una sesión. Son los UDI Romilio Gutiérrez, María José Hoffmann e Issa Kort; el PPD Enrique Jaramillo; los DC José Miguel Ortiz, Sergio Ojeda y René Saffirio, y el PS Marcelo Schilling.
Hay inasistencias justificadas. El caso del PRO René Alinco -el más ausente- porque estuvo 42 días preso por conducir en estado de ebriedad. O el de la RN
Lily Pérez, que faltó 35 días por enfermedad. Una justificación más digna que la otra, claro está.
Enjuiciar a nuestros parlamentarios por su asistencia, podría ser visto como injusto. Habrá quienes dirán que lo que corresponde es evaluarlos por la cantidad de mociones que han presentado. El problema es que medirlos con esa vara distorsiona el resultado porque en muchos casos hay exceso de entusiasmo en introducir proyectos, pero ausencia casi total de éxito porque en su mayoría no fueron bien negociados, requerían de la venia del Ejecutivo o derechamente porque eran malos, para la galería. Un saludo a la bandera y nada más.
Lo que se espera de ellos son resultados. Están puestos en el Parlamento para eso, parlamentar, dialogar y lograr consensos. No para leer de ellos quejas por lo ingrato del trabajo o lo duro de negociar un presupuesto. Mucha responsabilidad podrá tener el Ejecutivo en que el Congreso se tarde casi un mes en negociar la partida asignada a Educación 2012, pero si los legisladores no dan el ancho en la única habilidad por la que han sido puestos en el cargo, la de negociadores, entonces no están calificados para el cargo. Y menos, claro, con ese sueldo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario