lunes, 20 de junio de 2011

Esos días


Son días nublados. No sólo allá arriba. Debajo de ese cielo que nos mira sin entendernos, para nada, estamos nosotros. Y vivimos días nublados en los que nadie comprende por qué estamos como estamos. Son días que en realidad han sido años. Es una temporada que nadie sabe cuándo comenzó ni menos cuándo piensa terminar. Una época de más incertidumbres que de certezas.

Son días en que protestamos. Días en que por fin decidimos sacar la voz. Pero nos movilizamos pidiendo lo que nadie está realmente dispuesto a dar. Exigimos cambios, pero fuimos garantes durante demasiado tiempo de lo mismo que ahora queremos modificar. Acogimos y avalamos y nos beneficiamos de un sistema que ya no nos acomoda. Pero a los que sí, no están disponibles para rectificarlo en nada. Y por eso protestamos.

Son días en que nos rebelamos contra el abuso de poder. Y le ponemos nombre y cara a esa rebeldía, aunque no conozcamos el fondo del sistema contra el cual nos movilizamos. Hoy es Hidroaysén. Hoy es la educación. Mañana, quién sabe. Incluso podemos no saber lo que queremos, pero al menos sí sabemos lo que ya no nos interesa o nos sirve.

Son días en los que la autoridad no entiende o no quiere entender por qué la ciudadanía se queja. Porque, claro, son días en que la economía crece y el desempleo baja. No entiende, como a nosotros también nos cuesta hacerlo a veces, que crecimiento no es sinónimo de desa­rrollo.

Son días en que algunos pelean por causas propias. Pero son días en que también lo hacen por causas ajenas. Y cuando eso ocurre, se está peleando por causas justas. Pero son días en que la justicia no es igual para todos. Porque si a un cliente lo pillan robando en una tienda, lo califican y condenan como a un delincuente, pero si es el dueño de esa tienda el que le roba al cliente, al delito se le llama “accidente” o “mala práctica”. No son, por ende, días justos.

Son días en que a veces somos víctimas, pero otros victimarios. Clamamos igualdad, cambios y justicia, pero no siempre damos lo mismo que pedimos.
Tenemos demasiado pero creemos que nunca lo suficiente. Otros tienen menos que nada, pero se habían conformado pensando en que ya era mucho.

Así como pedimos, a nosotros también nos piden, pero tampoco estamos dispuestos a dar. Somos caritativos menos veces de las que pedimos lo que nos parece justo.

Son días en que nos quejamos del sistema. Y como nuestras demandas no son escuchadas, aparece la frustración. Y de ahí al rencor el tranco es en realidad un paso demasiado corto. Y por lo mismo son días en que no amamos tanto, porque gastamos más tiempo en odiar.

Son días en que protestamos por el otro y exigimos igualdad por el que es distinto, pero al final del día no nos juntamos con ellos. Preferimos estar con nuestros iguales y nos enojamos si alguien se atreve a calificarnos como diferente. Aceptamos a los gays, pero no queremos uno en nuestras familias.

Compadecemos al ignorante, pero que se cuide el que ose a ponernos en esa categoría. Criticamos al ambicioso, pero queremos tener lo que no podemos.

Aceptamos al indígena, pero no lo integramos. Y si lo hacemos, jamás lo ponemos a nuestra altura. Nos mostramos tolerantes, pero detestamos al que piensa distinto, cayendo en una contradicción tan común como absurda.

Son días en que nos preocupan nuestros jóvenes, pero olvidamos a nuestros viejos. Queremos nuevas generaciones más educadas e integradas, pero ni nos acordamos que las anteriores a ellas están abandonadas a su suerte, con pensiones de miseria e incluso con menos cariño que plata.

Son días en que nuestra naturaleza está herida de muerte, pero hacemos más por meter el dedo en su yaga que en curar lo que se pueda.

Nos aferramos a lo que podemos, pero ya ni eso. Porque queremos creer, pero incluso hasta en eso fallamos.

Son días en que hablamos sin conversar y oímos sin escuchar. Por eso pedimos, pero no nos atienden. Por eso nos piden, pero no damos nada.

Son días nublados. No sólo allá arriba. Debajo de ese cielo que nos mira sin entendernos, estamos nosotros. Y pedimos y esperamos. Pero no pasa nada. Y nos piden y esperan, pero tampoco. Por eso ese mismo cielo es el que, como no comprende, se ha vuelto incapaz de llorar.

Supongo que en algún punto del camino nos extraviamos. Por eso son días nublados. Porque si no sabemos para dónde vamos, cuando lleguemos vamos a estar perdidos.

jueves, 9 de junio de 2011

¿Qué puede estar pensando el Presidente?


“¡Pero cómo un 36 por ciento de apoyo! Esto está malo. ¿Eso nomás? No entiendo. Hinzpeter algo me había advertido, pero no pensé que sería tan poco. Llegando a Chile le voy a pedir a Adimark que revise los datos de su encuesta. ¿¿¿Qué??? ¿¿¿Y subí en la desaprobación hasta el 56%??? Ah, no. Ni en el peor de mis sueños me imaginaba tanto rechazo. Y yo que creí que con el fecundo crecimiento económico y la creación de nuevos empleos iba a capitalizar algo. Pero, ¿nada?. Si hasta en los pocos atributos en que había subido, ahora bajé.

¿Qué pudo haber pasado? Ya me había imaginado yo que la marcha contra la central de HidroAysén me repercutiría. ¿Habrá sido sólo eso?

Ah, se me olvidaba la movilización de los estudiantes secundarios. Menos mal que los pingüinos hasta ahora no han salido a la calle. Pero, no, no puede ser sólo eso. Algo más está pasando que no estoy viendo. Y eso que yo soy bueno con los números.

Ya, si ya sé que hay un problema comunicacional. Me lo dicen todos, pero no puede ser esa la causa principal. ¿O sí? Me carga cuando Carlos Larraín tiene la razón, pero parece que le apuntó cuando me dijo el otro día que no puedo gobernar sin dialogar. Es verdad que no tengo la mayoría en el Congreso. Probablemente me esté equivocando al mandar ahí proyectos sin haberlos negociado antes con la oposición. ¡Es que son tan tercos! No sólo no me quieren sino que tampoco me escuchan. Y entre ellos están tan desordenados que, aunque quisiera, tampoco sabría con quién negociar. El desorden interno que tienen desde que les gané en las elecciones no me ayuda tampoco a poder generar diálogo. No es que quiera hacerlo, pero parece que voy a tener que intentarlo. Ya veré con quién.

Mmmm, igual creo que no es lo único. Hay algo más. Porque, ahora que lo pienso, los problemas de diálogo y comunicación no sólo son con los contrincantes. Al interior de la Alianza la cosa tampoco anda bien. No soy santo de devoción de la UDI, eso lo tengo claro, pero a lo mejor podría hacerle algún guiño para que no me hagan ruido interno. Voy a tener que zanjar luego esta cuestión de la unión gay y dejarles claro que no pretendo ni por un segundo permitir el matrimonio homosexual. ¿Será suficiente? No me gusta nada esto de que los diputados del partido estén escribiendo una carta pública para criticar mi manejo del tema y menos que digan que eso es un reflejo de la mala conducción de mi Gobierno. Ya me lo había advertido la Ena en un mail. ¡Ah, la Ena! Esa es otra con la que voy a tener que conversar. Lindas las fotos que se tomó para esa revista, simpática la humorada, pero menos maquillaje y más mano dura. Igual la pobre no lo debe pasar bien. Si hasta el ministro de Salud salió a contradecirla.

Ahí hay otra cosa. No lo había pensado. No puede ser que cada vez que me meto a Internet para revisar las noticias, me encuentre con un problema al interior de mi propio equipo. A lo mejor es cierto entonces que hay un problema de diálogo. No estoy hablando con la oposición, tampoco con el Congreso y hay problemas comunicacionales dentro de mi gabinete. ¿Y si hago un cambio? Igual llevo 14 meses y ya se han ido seis ministros. Y yo que quería llegar invicto hasta por lo menos la mitad de mi período. Qué más da. Si ya cambié media docena, podré sacar a otros, ¿pero a quién? Me dicen que a la vocera, pero ¿a quién pondré ahí? ¿Habrá un Francisco Vidal de derecha? Mmmm, pero tampoco sé si sea ella la culpable de la falta de comunicación. ¿Y si pongo a Golborne en su lugar? Porque pucha que lo quiere la gente. Tiene el doble de popularidad que la mía. Pero no, tiene la pega de discutir la matriz energética. No puedo desvestir un santo para vestir a otro. ¿Y Lavín? No, tampoco. Ese funciona bien haciendo cosas. Así lo conoce la gente.

No está fácil la cosa. Yo pensé que con el buen balance y los anuncios que hice el 21 de mayo, algo iba a capitalizar. Pero no, tenían que hacerme protestas en el Congreso. ¿Qué les ha dado a todos por protestar ahora? ¡Se me olvidaba! Que no se me pase decirle a Hinzpeter lo mal que estuvo con eso de sacar y reponer las bombas lacrimógenas. Apuesto a que eso tampoco ayudó mucho.

Lo único que me tranquiliza es que, por ahora, nadie está capitalizando mi mal momento. La Concertación tiene más rechazo que apoyo y MEO no figura en ninguna parte. Ni hablar del Congreso, que está peor evaluado que yo.

Igual algo tengo que hacer. ¿Y si le digo a la Cecilia que nos devolvamos? No, me mata. Mejor guardo el celular y que ni se entere que estuve trabajando en vacaciones. A la vuelta veo como arreglo el entuerto”.

miércoles, 20 de abril de 2011

Cómo reconocer a un pedófilo o pederasta


¿Cómo actúa un pedófilo o pederasta?


Los pedófilos y pederastas actúan de diversas maneras para conseguir niños y niñas, con la finalidad de abusar de ellos, integrarlos en una red de prostitución infantil o para elaborar pornografía.


Conocer su forma de actuar es fundamental para mejorar la seguridad de los menores. Tanto los padres y educadores como los niños deben conocerlas:

1º. En las salas de juegos recreativos. Algunos pederastas frecuentan estas salas para, después de seleccionar a un menor, ofrecerse a pagarle algunas partidas o retarle a jugar contra él.

Los abusos no se producen en el primer encuentro, ya que los pederastas normalmente intentan ganarse primero su confianza. Otros prefieren invitar al menor a una hamburguesa o se ofrecen a llevarle al cine.

2º. Las zonas marginales. Algunos pederastas prefieren frecuentar zonas deprimidas para buscar niños o adolescentes desatendidos o con muchas carencias. Les ofrecen entonces algún tipo de trabajo y les aseguran dinero fácil.

3º. Salidas de colegios y parques. Otro tipo de pederastas que suelen actuar en redes optan por el secuestro.

Este puede realizarse a la salida de un colegio, haciéndose pasar por un conocido de la familia que viene a recoger al menor porque la madre no va a llegar a tiempo; o en el entorno de los parques infantiles o incluso desde un coche: pidiendo al menor que se acerque al vehículo para indicarles, plano en mano, donde está una calle.

4º. Discotecas. Algunas redes de tráfico de menores captan menores utilizando a otros que actúan de ganchos.

Normalmente se trata de un "guaperas" que intenta seducir a una adolescente para después llevarla engañada hacia un coche o piso donde espera el proxeneta. También pueden utilizar a otra menor amenazándola de muerte o violación.

5º. A través de Internet. Se trata del último sistema que están utilizando muchos pederastas y que trae locas a las policías de otros países.

Estos pederastas se introducen en los canales de conversación escrita de Internet, o "chats", haciéndose pasar por niños o niñas en busca de nuevos amigos. Intentan así conocer la situación de algunos menores, sus gustos y aficiones, hasta que llega el momento de concertar una cita en un cine o hamburguesería para conocerse mejor.

6º. A través de las revistas para niños y adolescentes en las que se publican secciones en las que los menores se ofrecen para intercambiar correspondencia incluyendo datos personales (dirección...) e incluso una foto.

7º. Utilizando a animales exóticos para atraer a los niños en ferias y demás lugares. Les suben a los mismos y les sacan fotografías para después ofrecérselas a sus padres.

Muchos padres dan sus datos para que les envíen la foto o se la acerquen a casa. El pedófilo puede tener así un banco de datos de niños/as con sus direcciones, teléfonos y fotografías.

8º. En el interior de las grandes superficies comerciales. Algunas redes de pederastas actúan preferentemente en grandes superficies comerciales donde la concentración de gente es alta y los padres están pendientes de encontrar los productos que necesitan.

La forma de operar consiste en coger de la mano a un niño/a pequeño que se haya despistado (o que se hayan despistado sus padres) y alejarlo del lugar. Normalmente no lo sacan inmediatamente sino que se lo llevan a los servicios.

Allí le cambian rápidamente la vestimenta y le afeitan el pelo, le ponen una peluca o una gorra, le sedan si es necesario y salen por la puerta con toda naturalidad y tranquilidad.

9º. En casa. Al menos uno de cada tres abusos sexuales sobre menores se cometen en el entorno familiar, por parte del padre, un tío o un abuelo.

El perfil de un pedófilo o pederasta

No existe un perfil exacto del pederasta o del pedófilo, no se le distingue a simple vista, pero reproducen algunas características que sí resultan significativas.

Por ejemplo, su acercamiento a los niños suele ser físico. Tras un primer contacto cuidadoso, para no asustar ni levantar sospechas, comienzan a coger al menor, abrazarlo y "mimarlo".

Les invitan e incluso les colman de atenciones y regalos para generar en ellos un sentimiento de deuda. A los niños se les enseña que deben ser agradecidos y corresponder a los adultos (por educación) y los pedófilos se sirven de esta circunstancia.

Buscan estar a solas de alguna manera con el niños o la niña para ir a más. Los violadores de niños siempre quieren más. Muchos de ellos tienen un nivel bajo de autoestima y se sienten mucho más seguros con los menores.

Otros, en un porcentaje elevado, han sufrido abusos de pequeños. Un tercer grupo lo que busca es humillarlos y doblegarlos, posiblemente por haber sufrido antes desprecio de otros niños o niñas durante la infancia.


Pero aunque no existe un perfil exacto del pedófilo ni del pederasta, sí podemos establecer un retrato robot a partir del estudio de los que ya han sido detenidos.


Es el siguiente:

1º. En más el 90% de los casos se trata de varones.
2º. En el 70% de los casos superan los 35 años de edad.
3º. Suele tratarse de profesionales cualificados.
4º. Con frecuencia buscan trabajos o actividades que les permitan estar cerca de los niños.
5º. Su nivel social es medio o medio-alto.
6º. En el 75% de los casos no tienen antecedentes penales.
7º. Su nivel de reincidencia es altísimo, aun después de ser descubiertos y condenados.
8º. No suelen ser conflictivos en la cárcel y muestran buen comportamiento (en la cárcel no hay niños).
9º. No reconocen los hechos ni asumen su responsabilidad.
10º. Normalmente tienen una familia a su cargo, y con frecuencia hijos pequeños.
11º. En más del 30% de los casos se trata del padre, el tío o el abuelo de la víctima.




Lee mas en: http://www.enplenitud.com/nota.asp?notaid=10278#ixzz1K6JLPzBc
Descarga libros gratis en http://www.enplenitud.com/libros

miércoles, 30 de marzo de 2011

Cursan millonaria multa a Igi Llaima por contratar a menor que falleció en accidente


Cuatro multas que llegan a 4 millones 500 mil pesos cursó la Inspección del Trabajo a la empresa Igi Llaima, luego que detectaran a lo menos una serie de irregularidades, entre ellas tener contratado al menor de 17 años que murió en el accidente.

La información fue confirmada a este medio por el inspector provincial, Víctor García, quien precisó que el caso más grave detectado dice relación con Rolando Cárdenas Luarte, ya que la ley es clara respecto a que menores no pueden desempeñar un trabajo de alto riesgo, como es transporte.

Agregó que se logró establecer que al interior de la empresa el registro de asistencia no se llevaba adecuadamente, que el trabajador no había sido informado sobre los riesgos laborales y que el Comité paritario de la empresa tampoco estaba realizando las reuniones mensuales.

Hay que precisar que en el accidente ocurrido en el kilómetro 644 de la Ruta 5 Sur, frente al ingreso a Lautaro, un bus Igi Llaima chocó con un camión y otros dos móviles detenidos en la ruta.

A raíz del accidente perdieron la vida Francisco Eduardo Baeza Naour (51) -chofer del bus-, y el auxiliar Rolando Cárdenas Luarte (17). A ellos se suman los pasajeros Juan Carrasco Ramírez (44), Andrea Canío Mariqueo (27) y Luis Omar Salazar Fica (56).

Los funerales de las víctimas se desarrollarán hoy en las comunas de Perquenco, Traiguén y Victoria.

viernes, 11 de marzo de 2011

La doble militancia de Fernanda Otero como asesora del Presidente y la hidroeléctrica Pacific


Es poco conocida por el gran público pero desde que se convirtió en asesora comunicacional de Piñera, Fernanda Otero ha ido acrecentando cuotas de poder y figuración en La Moneda. Algo que le ha granjeado disputas, roces y cuestionamientos. El principal: asesorar al mandatario y al mismo tiempo atender a empresas reguladas por organismos del Estado. El 26 de octubre de 2010 ambos clientes se cruzaron. Ese día el Jefe de Estado inauguró un complejo hidroeléctrico de US$ 800 millones en San Fernando y en el lugar se encontró con su asesora, la más cuestionada en el entorno piñerista.
“Vamos a requerir muchos proyectos como el que hoy estamos inaugurando”, dijo Sebastián Piñera en uno de los pasajes destacados de su discurso de inauguración de un complejo de centrales hidroeléctricas en la precordillera de San Fernando, Sexta Región. Contento por la inversión de US$ 800 millones y los 310 Megawatts en “energías limpias” que el proyecto aportará al Sistema Interconectado Central, el Presidente se dio tiempo para recorrer las instalaciones junto al entonces ministro de Energía, Ricardo Rainieri y se retrató con los ejecutivos de Tinguiririca Energía, la empresa de propiedad de la australiana Pacific Hydro y la noruega SN Power.

En la foto, al lado de Piñera, aparecen los representantes de la hidroeléctrica muy sonrientes y fuera del cuadro está Fernanda Otero, la asesora comunicacional del Presidente. Pero a diferencia de innumerables ocasiones anteriores, esta vez la profesional y socia fundadora de la agencia B2O no está ahí para decirle a Piñera que se arregle la chaqueta para que no salga arrugada ni para que mire hacia un lado u otro y se cuide los tics. Ese día, el 26 de octubre del año pasado, Fernanda Otero está en el lugar trabajando para sus otros clientes inmortalizados en la imagen: los hombres de Tinguiririca Energía y Pacific Hydro.

Recién cuando Piñera llega a la ceremonia, se entera del vínculo entre Otero y la empresa que hizo las gestiones para que el Jefe de Estado cortara la cinta del proyecto, uno entre varios otros planificados por Pacific Hydro.

Tironi v/s Otero
Aunque con diversos grados de matiz, hay quienes afirman en La Moneda que la doble militancia de Otero se emparenta con el caso de Eugenio Tironi dado a conocer por El Mostrador en abril de 2009. Por entonces el sociólogo y dueño de la agencia Tironi & Asociados era jefe de contenidos de la campaña presidencial de Eduardo Frei cuando explotó la noticia de la supuesta colusión entre las farmacias Ahumada, Cruz Verde y Salcobrand. Esperando tener réditos electorales, durante un acto de campaña en Rancagua el 26 de marzo de ese año, Frei atacó a las farmacias calificando de “inaceptable” la situación y pidió “cárcel” para “los que han lucrado con la salud”. En el intertanto, su asesor Tironi se reunía con Luis Enrique Yarur, controlador de Salcobrand, como flamante consultor para manejar la crisis de imagen producto de la acusación de colusión.

Pero a diferencia del caso puntual de Tironi con Salcobrand, en La Moneda quienes hablan sobre Otero y sus asesorías al sector público y privado, ponen el foco en que la socia fundadora de B20 (junto a su hermano Jorge Miguel y el experto en marketing Luis Hernán Bustos) tiene cerca de 60 clientes. Muchos de ellos grandes empresas de sectores altamente regulados, como la banca, el retail, el rubro inmobiliario, el asegurador y que proveen servicios a empresas estatales, que buscan ejercer lobby ante las máximas autoridades.

Con el cambio de gobierno, el poder se desplazó y con él quienes tienen llegada directa con la nueva administración. Si Enrique Correa y Eugenio Tironi fueron los nombres más requeridos por el empresariado para intentar acceder a La Moneda en la era concertacionista, hoy agencias como la de Otero y Azerta, de Cristina Bitar y Gonzalo Cordero, son las que más suenan en el ámbito privado. Incluso, si se trata de meras percepciones hay ejemplos concretos de eventuales cruces: 1) B20 tiene como clientes a Pacific Hydro y Tinguiririca Energía por el lado privado y por el lado público tuvo hasta hace poco al Ministerio de Medioambiente, que toma decisiones que pueden afectar a dichas empresas. 2) B2O tiene cuentas de grandes bancos como Banco Falabella, BBVA y BCI, sujetos a las regulaciones que surjan del proyecto de Sernac Financiero promovido por el Presidente, quien a su vez recibe asesoría comunicacional de Otero para enfrentar temas como este ante los medios. Al tener contrato a honorarios con la Presidencia (por un monto bruto mensual de $2.315.555), la periodista de la UC y licenciada en Filosofía de la Universidad de Los Andes no está obligada a declarar patrimonio ni intereses así como tampoco esta sujeta a los impedimentos legales de funcionarios de alta jerarquía ministerial.

“Tengo muchos clientes grandes y ellos tienen clarísimo cual es mi trabajo, tengo especial cuidado de no hacer ningún cruce al respecto, no transmito información por un tema objetivo y al Presidente solo lo asesoro en comunicaciones”, dice Otero, en relación a eventuales conflictos de interés. Cuando se le pregunta por las posibles similitudes de su situación y la del ex asesor de Frei, Otero responde: “Lo que hicieron con Tironi fue nada que ver, ¿cuál es el problema que asesorara a una farmacia?”. La farmacia, Salcobrand, también es cliente de B2O.

Preocupación en Palacio
Los vínculos de Otero y los clientes privados de su empresa fueron desde un comienzo tema de preocupación en el Segundo Piso y de todos los que intervienen en materias comunicacionales estratégicas, dicen varias fuentes de La Moneda consultadas por separado. Pero la escena anterior con Piñera inaugurando el complejo hidroeléctrico y se encontrara con Otero, esta vez como asesora de Pacific Hydro, su cliente hace cuatro años, fue el caso que elevó el nerviosismo en Palacio.


Sonrientes. Los clientes de Fernanda Otero posan con el Mandatario y el ex ministro Rainieri.
“¿Cómo les va a complicar si Carla Munizaga (jefa de prensa de Piñera) estaba ahí con el Presidente?”, se pregunta Otero. “Al Presidente me lo topé arriba y se sorprendió mucho al verme y le dije (Pacific Hydro): es cliente mío. En este caso centralizamos todas las invitaciones a través de canales formales del ministerio de Energía porque Pacific Hydro es muy relevante en términos de energía limpia. Si hubiese querido aprovechar mi cargo para obtener influencia no habría sido asesora del Presidente. Cuando acepté serlo pero en calidad de asesora externa fue de forma absolutamente clara y transparente. Si alguien se complicó en La Moneda es justamente por miedo a despertar este tipo de artículos. Ser asesora del Presidente me inhibe de cualquier cosa. Le tengo mucha admiración y respeto”, afirma la profesional.

La versión del encuentro es refrendada por Munizaga quien le baja el perfil al tema. “Efectivamente el Presidente no sabía que ella iba a estar ahí. Pero es porque Fernanda no comenta estos temas con él. El proyecto Tinguiririca fue aprobado durante el gobierno de Bachelet y fuimos a inaugurarlo especialmente por lo importante y amigable con el medioambiente. Al Presidente tampoco le pareció mal. De hecho se hicieron fotos y se rieron mucho. Te puedo dar fe que Fernanda no mezcla los dos mundos. Ella trabaja separadamente estos temas y no me imagino que haya incrementado su cartera de clientes producto de su trabajo con el Presidente”.

“En beneficio de ella, hay que decir que ahora cada vez que se cruza un cliente suyo en un tema, ella lo informa y se inhabilita”, asegura uno de los entrevistados. Pero el tema es que como los clientes no son pocos y, por lo general están en la noticia, la foto del Presidente inaugurando una obra con Otero en la vereda de enfrente podría repetirse. Sea Cencosud y la futura inauguración de la megatorre que Horst Paulmann construye en Providencia. Alguna millonaria inversión industrial de los Luksic a través de Quiñenco. O bien, un caso de alto interés público en el cual esté involucrada una empresa asesorada en comunicación estratégica por B2O y sobre el que Piñera decida pronunciarse. “¿A quién asesora comunicacionalmente ahí? Es complicado”, dice otro de los profesionales de Palacio que ha analizado posibles escenarios.

Telefonazos y consejos televisivos
Cuando en 2009 Fernanda Otero asumió la tarea de coordinadora de comunicaciones de la campaña presidencial de Sebastián Piñera, sus espacios de poder en el entorno del empresario fueron ampliándose producto de su lealtad a toda prueba, un rasgo que el Mandatario aprecia sobremanera. Preocupada hasta de los más mínimos detalles del manejo comunicacional, lenguaje corporal y look de Piñera, Otero además, dicen quienes trabajaron con ella en la campaña, es “muy matea”.

“Se veía todos los noticiarios, le decía: saliste bien en este canal, en este te veías lindo, bien el traje, cuestiones muy pequeñas pero que al Presidente le gustaban”, recuerda un integrante del comando. También tenía otra cualidad apreciada por el entonces candidato: su pasión para defenderlo donde sea, ante quien fuera, y su llegada a los directivos de medios, relaciones que todavía cultiva. Sus telefonazos a directores de diarios como La Tercera y El Mercurio y a jefes de prensa de los canales de TV se hicieron famosos. Ella lo reconoce. “Durante la campaña llamaba porque era parte de mi gestión. Pero ahora nunca. Cómo voy a llamar a editores ahora. No se me ocurriría hacer algo así jamás. Nunca llamaría a nombre del Presidente”.

No es lo que afirman en el medio. En TVN periodistas de Prensa dicen que el llamado de Otero a estas alturas es un clásico. Lo mismo en los diarios. Pero siempre al más alto nivel: directores y jefes de prensa. “A veces provoca el efecto adverso. Jode tanto que al final terminas llevando el tema sólo para llevarle la contraria. Otras, te sirve mucho”, dice un periodista de La Tercera.

Desde que se instaló el gobierno, Otero mantuvo su estilo de asesoría a Piñera, con quien tiene una muy buena relación al punto que en diciembre pasado el Mandatario la invitó junto a su numerosa familia a almorzar a Palacio. Otro testigo del vínculo profesional entre ambos dice que “el Presidente la escucha harto pero única y exclusivamente en materias comunicacionales. Las lecturas que ella hace de sus apariciones en televisión y de la relación con los medios generalmente es buena. Pero no es un Ottone o un Tironi”. Sí una escudera, en la línea de como lo fue María Angélica Álvarez, “la Jupi”, amiga y principal asesora de Michelle Bachelet durante su gobierno. Otero es conocida por su capacidad probada de enfrentarse a quienes crea que están siendo injustos con el Presidente o tienen posturas contrarias a las suyas como católica observante y reconocida Opus Dei. En Twitter, la red social más usada por el mundo político, la profesional suele celebrar al Mandatario y quejarse cuando cree que un artículo o columna no es fiel a la realidad. Sus últimos dardos fueron para Andrés Benítez, rector de la Universidad Adolfo Ibáñez y columnista de La Tercera, a raíz de un texto que le desagradó: “Benítez en LT recomienda al Presidente mostrar su lado A. Habrá leído o visto sus últimas entrevistas en todos los diarios y canales?”, escribió Otero, quien tiene un símil twittero pero extremo en Argentina: el canciller Héctor Timmerman, más conocido como Twitterman porque está todo el día disparando contra la oposición y los medios.

Otero además se sumó a las reuniones de análisis de los jueves con los asesores del Segundo Piso María Luisa Brahm, Ignacio Rivadeneira y Hernán Larraín; el jefe de la Secom Mauricio Lob y la jefa de prensa del Presidente, Carla Munizaga. Estos encuentros ahora también se efectúan los días martes, por lo que pese a su rol externo ya es habitual ver a Otero cruzar los patios de La Moneda con una carpeta bajo el brazo donde guarda documentos y minutas. También verla subir a las oficinas del Segundo Piso.

La molestia de los ministros
La calidad de la relación entre Otero y los reservados profesionales de este equipo es parte de los mitos de sus visitas a Palacio. En los pasillos del edificio de gobierno corren todo tipo de rumores: desde que no se soportan hasta que el vínculo es casi de amistad. Un testigo privilegiado, sin embargo, se aventura a describir la situación: “La relación con Brahm es extraña, fuerte; se han pegado palos pero también se ríen. Lo mismo ocurre con Hernán Larraín, tienen una buena relación, muy instrumental, pero ella a veces es dura con él. Con José Miguel Izquierdo, la cosa es mucho más áspera”.


Imagen del recorrido de Piñera y ejecutivos de la hidroeléctrica.
Esta versión es coincidente con la de la mayoría de los entrevistados que califican a Otero como una mujer fuerte y de armas tomar, motivo por el cual nadie quiere hablar en on. Pero el punto central del desapego hacia Otero -dice un miembro del círculo de asesores presidenciales- se debe a lo que algunos califican como un “exacerbado afán de protagonismo”. “Fernanda luce su cercanía con el Presidente y se encarga de hacerlo saber cada vez que puede. Pero su problema mayor es más bien de modos: como tiene un carácter fuerte y es apasionada puede irritar bastante”, dice la misma fuente que añade que su rol de asesora externa con un pie dentro del gobierno y otro fuera, la sitúa en una frontera borrosa que tampoco le favorece en su relación con miembros del gabinete porque no tiene cargo real pero ejerce grados de poder. De hecho es sabido que los ministros reciben llamados suyos, sea para darles consejos comunicacionales o bien, enmendarles la plana. Algo que el titular de Salud Jaime Mañalich, también muy cercano a Piñera, una vez no aguantó y por eso “la mandó a freír monos”.

“A varios ministros eso les molesta” -reconoce el jefe de gabinete de un ministro del área política-, “porque cuando recibes llamados de María Luisa Brahm respecto a metas de cumplimiento sabes que ella habla a nombre del Presidente. Pero cuando levantas el teléfono y es Fernanda Otero para retarte porque tal cuña en la tele debió haber sido así o asá, no sabes si la mandó el Presidente o corre con colores propios. Eso produce mucha incomodidad”.

miércoles, 12 de enero de 2011

Buscando más equidad


Por estos días he estado metido a fondo en el desarrollo del proyecto VA! 2011, el primer Encuentro Nacional de Jóvenes con la Ciencia y la Tecnología que se desarrolla en el Internado Nacional Barros Arana (INBA) hasta el próximo martes 18. Es como estar sembrando para la economía del conocimiento.

Y no se trata sólo de ciencia, de tecnología, de innovar y de crecer. Una economía basada en el conocimiento es también una promesa de mayor equidad. Al menos así lo creen muchos economistas y tienen lo que parece una buena explicación para ese buen augurio. Intentaré exponerla y ustedes verán qué les parece. Yo advierto que me gusta, pero no quiero comprometer a nadie más.

La economía del conocimiento, dicen los expertos, tiene como recurso de base precisamente el conocimiento, un activo cuya propiedad es, o puede llegar a ser, mucho menos concentrada que la propiedad de los recursos naturales o el capital. Para decirlo en buen castellano y no en “economés”: nadie puede ser dueño exclusivo de un conocimiento (al menos no por mucho tiempo); además, éste puede ser compartido y usado a la misma vez por muchas personas. Pero no pasa lo mismo con el cobre, el agua, la tierra o el dinero, donde los derechos de propiedad son muy estrictos.

La evidencia internacional, dicen los economistas, muestra que los países que han alcanzado el desarrollo invirtieron una gran cantidad de recursos en la generación de nuevo conocimiento y que, además, tienen –en general– patrones de distribución de la riqueza mucho más equitativos que el chileno. Una explicación de esto sería justamente que su economía se basa en sectores donde la tecnología y el conocimiento juegan un rol clave. ¿Por qué? Porque en los sectores intensivos en conocimiento, donde la propiedad de éste está más extendida que en los sectores de recursos naturales, las rentas –que pueden llegar a ser suculentas, si no pregúntenle a Steve Jobs– se reparten entre más personas, y esto tiene una implicancia evidente en la distribución del ingreso. El punto es que si hay más personas capaces de participar en esta economía del conocimiento, la torta estará repartida entre más comensales y la distribución será más eficiente, porque habrá empleos mejor remunerados para una proporción mayor de la población.

Insisto en que la argumentación me gusta, aunque hay que ser conciente de que pueden existir poderosas fuerzas atentando contra esta imagen ideal. La lucha global por la propiedad intelectual se da precisamente en este contexto. La separación entre el diseño y la producción (que hoy se hace incluso en países distintos) también parece estar en contra de ese futuro soñado. Nuevamente pregunten a Jobs: cuánto ganan los ingenieros que “inventan” sus artilugios en Estados Unidos y cuánto reciben como salario los operarios chinos que los fabrican.

Con todo, la idea de la economía del conocimiento como promesa de mayor equidad es encantadora, aunque haya que enfrentarse a fuerzas descomunales para que llegue a ser una realidad.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Las garras del tigre


Ya no falta nada. En pocos días más se irá este año. Este vilipendiado año al que se le ha dicho de todo. Que fue un maldito, que regido por el Tigre nos mordió hasta la cordura, que no tuvo piedad y que nos echó encima toda la colección de calamidades que tenía reservada para las décadas venideras.

Es cierto que 2010 fue difícil. Probablemente más que otro año, pero no porque se nos hayan juntado las fatalidades de las siete plagas, sino que porque se nos casó el miedo con la incertidumbre y una alianza como esa no suele llevarse bien. Al contrario: intimida y aterra, con un pánico parecido al que a veces sufren los niños cuando son testigos de las batallas del desamor entre sus padres, que les hacen sentir que están en pleno descampado.

Yo creo que eso fue lo que nos pasó a muchos: nos sentimos vulnerables. Aislados y solos. Bichos raros. Con la voluntad extraviada. Igual que críos tristes que no saben ponerle nombre a lo que sienten y prefieren apuntar con el dedo a los fantasmas que creen ver por las noches.

Y nos llenamos de síntomas que nos recordaban otros síntomas y de enfermedades que nos recordaban otras enfermedades. Y empezamos a mirar Chile desde el espanto de constatar su propia fragilidad y por ende también la nuestra. Y tuvimos miedo a los otros, porque para muchos de nosotros los otros siguen siendo los mismos, aunque no se vistan con trajes de guerra ni botas marciales.

Y nos angustió la diáspora, no la del exilio, sino que la de nuestros propios símbolos. Y nos estremecimos.

Es cierto, vivimos un terremoto que nos gritó en la cara que no éramos inmortales. Sin embargo, salvo ese “dato” macabro, todos los sacudones que hemos tenido en estos casi 365 días, lamentablemente no escaparon al margen de los horrores posibles, sólo los dejaron calatos ante nuestros ojos. Que existan hombres que queden atrapados bajo la tierra es tan posible como que un chofer de bus se duerma al volante y en segundos se desate la catástrofe, o que entre llamas dantescas casi un centenar de presos mueran calcinados. Todo es viable en la medida en que tenemos el potencial de las tragedias que se desatan cuando detrás de ellas existe la lógica de un fósforo prendido al viento. Malas condiciones de trabajo, trabajadores a los que se les exigen turnos inhumanos o presos que hacinados más allá de toda culpa, viven como bestias, porque nuestro sistema carcelario no ha sabido qué hacer con ellos.

Ese es el Chile que nos hizo creer que la mala suerte nos perseguía. Ese Chile salió en la televisión, relegando al anonimato los femicidios, los niños maltratados o las cajeras de supermercados que a veces no cuentan con derechos tan básicos como poder ir al baño si no piden autorización para hacerlo.

No se trata, como dijo el nuevo líder del integrismo campechano de la derecha, Manuel José Ossandón, que “Dios haya estado exiliado de Chile” y que ahora haya “vuelto” de la mano de él y de otros como él. Eso es faltarnos el respeto y llevar las iniquidades al ámbito de la calamidad eventual.

No creo que el 1 de enero despertemos y seamos otros. Tenemos que hacernos cargo, y una manera de hacerlo es no aceptar que nos cuenten un país por episodios, porque los episodios son capítulos que se van olvidando. Y aquí no podemos seguir olvidándonos, porque al hacerlo nos negamos toda la dignidad que requiere nuestra memoria y seguimos brindándole asilo a las injusticias.

No fueron las garras del Tigre. Fueron nuestras propias fauces que se abrieron con más fuerza. Nada más. Nada menos.