El año pasado, cuando ocurrió el terremoto de Japón y la fusión de los reactores atómicos de Fukushima se hablaba en todo el mundo de los “héroes de Fukushima”, en referencia a los 50 obreros que supuestamente se ofrecieron de manera voluntaria para trabajar en condiciones infrahumanas en la planta nuclear, para impedir un desastre y para poder paliar la situación.
Se decía que la mayoría de ellos tenían más de 60 años, muchos de ellos jubilados o a punto de jubilar. Supuestamente la razón por la que se habría apelado a ellos fue porque de desarrollar cáncer o algún problema producto de la exposición a las altas radiaciones de la planta, ya estarían muertos cuando eso ocurriera.
Sin embargo, a un año del accidente nuclear dos publicaciones han mostrado la realidad del asunto. La revista The Daily Beast entrevistó a varios de los operarios que trabajaron para poder detener los efectos desastrosos del accidente nuclear. Los nombres se mantienen en el anonimato por temor a represalias de la empresa Tepco, quien controla la planta.
Finalmente, fueron 180 personas las que tuvieron que pasar por la odisea de vivir en condiciones extremas con el fin de poder ayudar en las tareas de recuperación de la planta nuclear. Trabajaron en jornadas de 12 horas, consumiendo dos comida deshidratadas dos veces al día, con racionamiento de agua y estando bajo niveles de radiación que superaban en algunos casos hasta 10 mil veces los índices normales.
Los turnos eran de 50 personas, con el fin de no exponerse “mucho” a la radiación… (suena a chiste). La población cercana, a unos 20 kilómetros, fue evacuada completamente. Se temía la explosión de nuevos reactores nucleares. La Agencia Internacional de Energía Atómica y el gobierno japonés situaron el accidente en un nivel 5 de una escala de 1 a 7.
Ha pasado un año de aquel fatídico día. Sin embargo, los operadores de la Tokio Electric Power Company (Tepco), que controla la central, algunos trabajadores ya jubilados, bomberos y militares que trabajaron en la planta nuclear permanecen en el anonimato. La revista Newsweek publicó un artículo en que seis miembros del equipo de los llamados "Héroes de Fukushima" dieron detalles de su experiencia, aunque sin revelar su identidad.
Varios rebelaron que fueron citados a la planta sin saber exactamente la envergadura del desastre, que no sabían exactamente a qué estaban expuestos y que luego, no se les suministraron a todos las ropas adecuadas, que hubo amenazas para permanecer, que a algunos se les ofreció cuadriplicar sus sueldos para que permanecieran, que se incorporó a gente que no era especializada, incluso se habla hasta de la mafia japonesa.
Lecciones, muchas, en tiempos de crisis las personas hacen lo que sea para solucionar los problemas que surgen, siempre hay héroes anónimos que están dispuestos a hacer lo que la mayoría evade, no obstante, también aparece lo peor de muchos que se expresa en mentiras, engaños de la prensa, encubrimiento de actividades ilícitas, y todo para mantener las apariencias y para hacer aparecer el daño menor de lo que realmente es, en eso, no faltan los políticos que intentan cubrirse las espaldas para salir bien parados. Pero, ¿cómo se esconde un desastre de una central atómica? ¿Cómo esconder la ineficiencia, la falta de garantías, la improvisación, el no hacer lo que se debe en el momento en que es correcto?
Los nipones con toda su fama de cumplidores y responsables, han dejado en evidencia, un aspecto de la naturaleza humana que siempre está latente: La codicia puede más, la ambición es el único motor que mueve a algunos y, lamentablemente, siguen usando a otros como “desechos humanos” y para cubrirse las espaldas los llaman, eufemísticamente, “los héroes de Fukushima”, que como siempre en la historia, los que arriesgan, los que se exponen, los que reciben la radiación terminan siendo anónimos… mientras el político de turno sonríe para las cámaras, nada nuevo, aunque suceda al otro lado del planeta, muy lejos de Chile.
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