sábado, 24 de marzo de 2012

Aysen y su nuevo rockstar


Las primeras palabras de Iván Fuentes, el sorprendente líder de las protestas de Aysén, al llegar a Santiago fueron seguidas de una de las mayores avalanchas de comentarios positivos en las redes sociales que se recuerden, desde la irrupción el año pasado de Camila Vallejo.

La comparación no es banal. En los mismos días en que se desdibuja el respaldo trasversal a la joven dirigente comunista, que perdió la presidencia de la Fech, se engrandece la figura de un hasta hace poco desconocido dirigente de una región olvidada.

Bajo, de pelo ralo, ojos pequeños y hablar aflautado, el dirigente posee la elocuencia sencilla pero profunda de los líderes auténticos. No reconoce militancia política, pero hace gala de una perspicacia superior a la de muchos políticos profesionales.

Califica de “ley maldita” a la ley de seguridad del Estado porque “le están dando un mal nombre a dueñas de casa y gente de trabajo de Aysén”. Y agrega que si existe esta ley, “también debería existir una ley que castigue la inoperancia política”.

Su primera conferencia de prensa en Santiago, transmitida en directo por los canales de noticias, era la de un rock star de la política ciudadana. “Está bien que el gobierno mande y también nos pueden doblar la mano… pero no nos quiten la dignidad”, partió diciendo con un discurso en que ofreció diálogo y negociación razonable, pero sin desautorizar las tomas y los cortes de caminos.

También se dio tiempo para filosofar sobre la paz social, que se pierde, dijo, “cuando nos volvemos insensibles al dolor ajeno y ganar plata es lo más importante”.

Cuando le preguntaron por la ausencia del Presidente Piñera, de gira en Vietnam, fue categórico: “A lo mejor el Presidente tenía una cita ineludible, pero si yo tengo un problema en la casa, lo voy a resolver”.

Oriundo de Longaví y uno entre una docena de hermanos, tuvo la infancia azarosa de la mayoría de los niños pobres de Chile. Trabajó desde muy niño y tuvo la suerte de ser “adoptado” por una familia distinta a la suya, en el seno de la cual pudo estudiar y terminar la secundaria. Se fue a Chiloé donde aprendió el oficio de pescador y, de ahí, pasó a Aysén. Aunque votó Concertación, desconfía de los políticos y tiene una capacidad innata para manejar asambleas. Hay un detalle relevante: ayer, cuando entraba por primera vez a La Moneda en medio del clamor popular espontáneo que lo vitoreaba en las calles, se acercó a la estatua de Salvador Allende para sacarse una foto de recuerdo, como un turista social cualquiera.

Poco antes de las 11 de la noche salió de La Moneda como un ganador. Tras horas de conversación con el Vicepresidente Rodrigo Hinzpeter había logrado reabrir el diálogo, sacar las fuerzas especiales de su región y la promesa del gobierno de estudiar el retiro de la querella contra 22 de sus compañeros por Ley de Seguridad del Estado. A cambio, sólo se comprometió a lo mismo que ya habían acordado hace unos días: comenzar a retirar el bloqueo de caminos.

Pero su mayor triunfo fue mediático. Logró poner al movimiento por Aysén en el centro absoluto de la política y de la agenda, con reporteros siguiendo cada uno de sus pasos y con “breaking news” cada vez que hablaba.

Minutos después de salir de La Moneda, Fuentes llegó al Teatro Caupolicán, abarrotado de artistas y público en apoyo de Aysén, levantando los brazos y en medio de una ovación. “La Patagonia ruge hoy con todos ustedes”, resumió.

Le queda una ardua tarea para lograr un acuerdo y uno mucho mayor si quiere de verdad cambiar el sistema, como dice. Pero ha comenzado ganándose el corazón de una mayoría.

miércoles, 14 de marzo de 2012

La vida por los demas


El año pasado, cuando ocurrió el terremoto de Japón y la fusión de los reactores atómicos de Fukushima se hablaba en todo el mundo de los “héroes de Fukushima”, en referencia a los 50 obreros que supuestamente se ofrecieron de manera voluntaria para trabajar en condiciones infrahumanas en la planta nuclear, para impedir un desastre y para poder paliar la situación.

Se decía que la mayoría de ellos tenían más de 60 años, muchos de ellos jubilados o a punto de jubilar. Supuestamente la razón por la que se habría apelado a ellos fue porque de desarrollar cáncer o algún problema producto de la exposición a las altas radiaciones de la planta, ya estarían muertos cuando eso ocurriera.

Sin embargo, a un año del accidente nuclear dos publicaciones han mostrado la realidad del asunto. La revista The Daily Beast entrevistó a varios de los operarios que trabajaron para poder detener los efectos desastrosos del accidente nuclear. Los nombres se mantienen en el anonimato por temor a represalias de la empresa Tepco, quien controla la planta.

Finalmente, fueron 180 personas las que tuvieron que pasar por la odisea de vivir en condiciones extremas con el fin de poder ayudar en las tareas de recuperación de la planta nuclear. Trabajaron en jornadas de 12 horas, consumiendo dos comida deshidratadas dos veces al día, con racionamiento de agua y estando bajo niveles de radiación que superaban en algunos casos hasta 10 mil veces los índices normales.

Los turnos eran de 50 personas, con el fin de no exponerse “mucho” a la radiación… (suena a chiste). La población cercana, a unos 20 kilómetros, fue evacuada completamente. Se temía la explosión de nuevos reactores nucleares. La Agencia Internacional de Energía Atómica y el gobierno japonés situaron el accidente en un nivel 5 de una escala de 1 a 7.

Ha pasado un año de aquel fatídico día. Sin embargo, los operadores de la Tokio Electric Power Company (Tepco), que controla la central, algunos trabajadores ya jubilados, bomberos y militares que trabajaron en la planta nuclear permanecen en el anonimato. La revista Newsweek publicó un artículo en que seis miembros del equipo de los llamados "Héroes de Fukushima" dieron detalles de su experiencia, aunque sin revelar su identidad.

Varios rebelaron que fueron citados a la planta sin saber exactamente la envergadura del desastre, que no sabían exactamente a qué estaban expuestos y que luego, no se les suministraron a todos las ropas adecuadas, que hubo amenazas para permanecer, que a algunos se les ofreció cuadriplicar sus sueldos para que permanecieran, que se incorporó a gente que no era especializada, incluso se habla hasta de la mafia japonesa.

Lecciones, muchas, en tiempos de crisis las personas hacen lo que sea para solucionar los problemas que surgen, siempre hay héroes anónimos que están dispuestos a hacer lo que la mayoría evade, no obstante, también aparece lo peor de muchos que se expresa en mentiras, engaños de la prensa, encubrimiento de actividades ilícitas, y todo para mantener las apariencias y para hacer aparecer el daño menor de lo que realmente es, en eso, no faltan los políticos que intentan cubrirse las espaldas para salir bien parados. Pero, ¿cómo se esconde un desastre de una central atómica? ¿Cómo esconder la ineficiencia, la falta de garantías, la improvisación, el no hacer lo que se debe en el momento en que es correcto?

Los nipones con toda su fama de cumplidores y responsables, han dejado en evidencia, un aspecto de la naturaleza humana que siempre está latente: La codicia puede más, la ambición es el único motor que mueve a algunos y, lamentablemente, siguen usando a otros como “desechos humanos” y para cubrirse las espaldas los llaman, eufemísticamente, “los héroes de Fukushima”, que como siempre en la historia, los que arriesgan, los que se exponen, los que reciben la radiación terminan siendo anónimos… mientras el político de turno sonríe para las cámaras, nada nuevo, aunque suceda al otro lado del planeta, muy lejos de Chile.