sábado, 25 de febrero de 2012

"El otro festival"




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Aunque las miradas de muchos chilenos están puestas por estos días en Viña del Mar, es en otra región del país donde se vive el espectáculo. Es en este caso, uno triste y donde no se canta, sino que se clama. No se reparten premios a destajo, sino que se ruega por ayuda. Uno donde no hay antorchas, sino fogatas. Donde no hay monstruo, sino una comunidad que quiere dejar de ser espectadora, para asumir como protagonista. Uno donde no hay humor, sino dolor. Donde no hay opulencia ni glamour, sino pobreza y cruda honestidad. Un espectáculo donde los animadores, emplazados en un distante escenario en Santiago, por ahora están a punto de llevarse las pifias.

Cansados, postergados y con una comprensible sensación de abandono, los habitantes de Aysén sacaron la voz hace 12 días para hacer sentir sus legítimos reclamos. Viven en un aislamiento casi permanente y sin conexión terrestre con el resto del país. No hay manera de llegar a la región por tierra si no es pasando por Argentina. La única forma que tienen de viajar hacia el norte de Chile es vía marítima o aérea. Esto hace que el costo de la vida sea casi un 40% mayor que en el resto del territorio. Sus habitantes pagan cinco veces más por la fruta, la harina vale el doble, los combustibles son un 30% más altos que en Puerto Montt, acusan tener la luz más cara del mundo y el agua más cara de Chile. Para que se hagan una idea, en Caleta Tortel no hay teléfono fijo ni señal de celulares y en Villa O'Higgins no tienen ni siquiera una posta.

Muchas cosas les han prometido. Muy pocas les han cumplido. Considerando que, políticamente hablando, la región tiene menos relevancia que la comuna más chica de la Región Metropolitana, sus demandas siempre quedan al final de las listas de pendientes de los distintos gobiernos.

Esta vez sacaron la voz con fuerza. Organizaciones sociales, juntas de vecinos y asociaciones gremiales, movimientos ciudadanos sin ideologías, exigen que sus demandas sean atendidas de una vez por todas. Entre otras cosas, están pidiendo infraestructura en salud, una universidad pública de calidad, la implementación de un sueldo básico regionalizado que considere el costo de la vida en la zona, pagar un precio justo por los combustibles y la construcción de rutas de acceso.

Aunque el Presidente Sebastián Piñera anunció en octubre pasado un plan de conectividad para Aysén que considera un acceso terrestre, este recién estaría listo en 2017. Respecto del resto de las demandas, el gobierno evalúa fórmulas para bajar el costo de los combustibles, a través de subsidios al traslado y la distribución de los mismos en Aysén. También estudia anticipar parte de la inversión pública considerada en el proyecto de desarrollo 2010-2014 para la región. Aunque el Gobierno dice estar poniendo atención a lo que se está pidiendo, por ahora sólo ha anunciado soluciones parciales en salud y transporte.

Como ha ocurrido con otros movimientos sociales durante los últimos dos años, en este caso la reacción también tardó en llegar. De hecho, la primera respuesta de un ministro fue considerar que las protestas eran parte de un “montaje”. Así como en su momento fueron desestimadas las movilizaciones en Punta Arenas y Calama, aquí casi se repite el mismo error. No ayuda mucho que otro ministro diga que las demandas tienen que ser “realistas”, como si éstas no lo fueran.

En un país donde las regiones pesan siempre menos que Santiago, la historia de postergación y olvido de Aysén se repite en muchos otros lugares del país.

La paradoja mayor es que precisamente en esas regiones es donde está la mayor cantidad de recursos naturales que se explotan: bosques, agricultura, ganadería, agua y minería. Dan más de lo que reciben. Por lo mismo, decir que la Undécima Región lideró el crecimiento en el 2011, con un 19,4%, no sirve de mucho si consideramos a dónde van a parar esos recursos. Ya sabemos que no se quedaron ahí.

Este jueves se acordó que todo diálogo con la zona se canalizará a través de la Intendencia. Una mala señal porque las autoridades regionales no son electas por la ciudadanía, sino designadas desde la capital por el gobierno de turno. ¿Qué contrapeso pueden hacerle al gobierno central? ¿Qué poder real tienen esos habitantes si no pueden escoger a su líderes regionales? ¿Cómo pretende el Gobierno demostrar que se está haciendo algo para evitar el centralismo si las soluciones se discuten en Santiago?. El centralismo hace que se pierda la visión sobre realidades diversas que afectan a un país con una geografía tan dispar como la nuestra.

Dice el refrán que “Dios está en todas partes”. Será cierto, pero en el caso chileno, Dios atiende en Santiago. Y, como mucho, por estos días en Viña.

jueves, 16 de febrero de 2012

A dos años del 27/F


Se acerca el segundo aniversario de la tragedia del 27F, que marcó el fin de la era de Concertación en el gobierno y, previsiblemente, la agenda comienza a teñirse de acusaciones mutuas entre las dos coaliciones que desde hace 20 años dominan el panorama político. Los calificativos de “cara de palo” van y vienen con una ligereza abismante, tratándose de autoridades que tienen o tuvieron roles relevantes en la conducción del país. Los índices de aprecio por los políticos de ambos bandos siguen en los niveles más bajos de que haya registro, pero las autoridades actuales y pretéritas demuestran que no han aprendido nada y siguen combatiendo en un ring que a pocos interesa.

Es evidente que la justicia tiene que hacer su trabajo para determinar responsabilidades penales, pero los líderes políticos tienen el deber de generar las condiciones para que nada se eso se repita y no empeñarse en batallas mediáticas sin destino.
Todo lo que hasta ahora arrojan las investigaciones sobre lo ocurrido esa fatídica madrugada tras el terremoto apuntan a una serie inconcebible de errores humanos, falta de profesionalismo, carencias técnicas e inadecuado entrenamiento de funcionarios.

Las autoridades políticas de ese momento no lo hicieron bien, pero nada indica que hayan tenido un comportamiento doloso. Y es muy dudoso que, ante las mismas circunstancias, las actuales lo pudieran hacer mejor, sobre todo al revisar la lista de desprolijidades que tienen al gobierno bajo los mínimos de aceptación popular.

Lo cierto es que Chile tiene enormes déficit de profesionalismo y de seriedad en sus instituciones oficiales y ese problema cruza los gobiernos sin distinguir colores políticos.
Un notable reportaje de investigación sobre esa madrugada realizado hace un mes por sitio CIPER mostró con detalle la cadena de errores, malos entendidos y peores decisiones que jalonaron esa jornada. Leerlo es ver una radiografía del Chile a medias, el reino del “yo creí que” y “yo pensé que”.

Esa madrugada, los funcionarios del SHOA emitieron oportunamente una alerta de tsunami, pero los responsables de la ONEMI no supieron leer el fax y creyeron que se trataba de una “alerta amarilla” que los instaba a estar atentos, pero no a decretar una evacuación masiva. Más tarde, cuando llegaron a sus puestos los jefes máximos de ambos organismos y las olas arrasaban las costas de la zona central, el SHOA evaluó mal los nuevos datos y canceló la alerta de tsunami, generando más confusión.

Dos recuerdos traumáticos alojados en el inconsciente colectivo también jugaron un rol distorsionador. El primero fue la falsa alarma de tsunami generada en enero de 2005 en la VIII región, que generó saqueos, heridos y hasta muertes, causando la vergüenza institucional del SHOA, aun cuando ese organismo no tuvo ninguna responsabilidad en un rumor que surgió, al parecer, en poblaciones de la armada en Talcahuano, producto de una mala lectura de un informe de ese organismo. Teniendo ese antecedente en el recuerdo fue que el jefe de SHOA retiró su alerta de tsunami cuando constató que las primeras olas fueron de muy pequeña magnitud. El segundo tuvo que ver con la demora en decretar zona de catástrofe en algunas áreas, lo que facilitó el pillaje y el desorden.

No cabe duda de que para un gobierno de centro izquierda, al final de su mandato, debió ser incómodo dejar el control de grandes masas de población civil en manos de las fuerzas armadas, por primera vez desde el fin de la dictadura.

La endémica falta de recursos, los errores humanos y la débil capacitación de los supuestos expertos, es decir, una cultura de escaso rigor y mala educación, están en la base del problema y no hay ningún indicio de que ellos se estén superando. En casi cualquier tragedia o emergencia donde pongamos los ojos, desde el incendio en la cárcel de San Miguel hasta los esfuerzos de reconstrucción, desde el virus ISA hasta La Polar, podemos encontrar los mismos ingredientes: falta de recursos, normas confusas o inoperantes, funcionarios poco capacitados, errores de procedimiento, pequeñas o grandes corruptelas y “amiguismos” que agravan los problemas.

Mientras los dirigentes políticos no pongan esta realidad en primer lugar y dejen de lado las zancadillas menores, la ciudadanía difícilmente volverá a confiar en ellos.

miércoles, 1 de febrero de 2012

¿Quién podrá defenderlo?


No tenía por dónde perder. Para la Democracia Cristiana, negociar con Renovación Nacional un pacto que modifica el actual sistema político es lo que los gringos llaman el “win-win”. Gana por el lado que se le mire. En el peor de los casos, de no llegar a buen puerto, la directiva encabezada por Ignacio Walker podría haberse mostrado como el único partido de la oposición que intentó negociar con el oficialismo, aun cuando, al final, las cosas no resultaran. En el mejor de los casos, o sea, el actual, se reinstaló como la única colectividad concertacionista capaz de articular acuerdos con la derecha.

Las tratativas con la tienda de Carlos Larraín le permiten a la DC revalidar su perfil de centro, consiguiendo un contrapeso al giro hacia la izquierda que viene dando la Concertación. Mientras en el PPD insisten en impulsar un frente progresista que fortalezca el acercamiento con el PC, el MAS y otras fuerzas de izquierda; el PS explora caminos en la misma dirección y el ex Presidente Ricardo Lagos revive el debate en torno a crear un partido único que aglutine al PS, PPD y PRSD, la Democracia Cristiana mira hacia el centro. No sólo gana musculatura para presentar un candidato propio en las primarias presidenciales de la oposición, sino que la mesa que encabeza Walker se anota puntos extra que la reposicionan. Puede que incluso algunos dentro de la Concertación estén enojados con la forma en que se negoció todo a sus espaldas, pero en público no tienen ningún argumento objetivo para levantar críticas. Al fin de cuentas, la DC consiguió acordar con uno de los partidos de la Alianza un pacto que podría terminar por fin con el binominal.

Ignacio Walker camina victorioso. ¿Se puede decir lo mismo de Carlos Larraín? A primera vista muchos pensaron que sí. Su liderazgo estaba cada vez más cuestionado al interior de RN y era público y conocido que un grupo de disidentes estaba haciendo todo lo necesario por correrlo a un lado. Que ahora apareciera firmando un pacto con la DC lo devuelve a la vida como un líder con poder y capacidad negociadora. Además, empieza a materializar así una de sus más famosas obsesiones: acercar posturas con la Falange. Por último, se convierte en el único dirigente de la Coalición capaz de exhibir resultados concretos frente a la exhortación del Presidente Piñera de salir a buscar consensos para reformar el binominal. Sin embargo, todo lo ganado con esta movida puede que no le alcance para, en la raya para la suma, quedar con saldo positivo.

¿Qué pudo haber llevado a Larraín a realizar esta arriesgada maniobra a espaldas del Gobierno, sus socios y su propio partido? Los que lo defienden (que no son muchos) dicen que se la jugó por evitar que el pacto naufragara por “exceso de protagonismos”. Y aun cuando el hombre más cuestionado del momento nunca ha sido un particular portaestandarte del necesario cambio que requiere el sistema electoral, hace un par de meses publicó un artículo en el que exponía una crisis en los partidos y en la relación de estos con el gobierno de turno. En él señalaba que había que abrir completamente el abanico para permitir la operación de 15 a 20 partidos con representación, trasladando la faena política a la configuración permanente de acuerdos y coaliciones más amplias. Claro que Larraín no pone tanto énfasis en un cambio al binominal por uno proporcional moderado como sí lo hace respecto de instalar un régimen semipresidencial.

Aparte de lo evidente -negociar con la oposición un acuerdo tan delicado sin advertir a sus propios socios- precisamente lo qué más dolió en el entorno del mandatario es que el documento de Larraín hable de un "presidencialismo exacerbado (que) se encuentra en proceso de agotamiento" y que "la centralidad de ese poder presidencial, cuando se debilita, repercute en todo el sistema". Con Piñera tan abajo en las encuestas es imposible que en La Moneda no se tomen el párrafo como una crítica personal.

Amigos no son. De hecho, el abogado ha sido un duro crítico de la gestión del Jefe de Estado y no ha tenido pelos en la lengua cuando ha acusado a su círculo más íntimo en palacio de digitar la operación de los disidentes para sacarlo de la directiva del partido. Si antes tenía enemigos en el segundo piso, ahora se ganó unos cuantos más.

Sus problemas no son sólo con La Moneda. Larraín aparece quebrando las confianzas con la UDI justo cuando intentaban ordenarse para enfrentar la discusión sobre el binominal. De hecho, dos días antes de conocerse el anuncio conjunto de RN y la DC, el Gobierno había logrado bajar la temperatura dentro de la Coalición en este tema y también respecto de la reforma tributaria. El senador RN estuvo comiendo en la casa del ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, junto al vocero Andrés Chadwick y al presidente de la UDI, Juan Antonio Coloma, y no dijo nada. Imposible que los otros comensales no se consideren traicionados.

Aunque una buena parte de las bases militantes de RN apoyan a Carlos Larraín, que probablemente buscará un nuevo período al mando de la colectividad, es muy probable que ahora quede más solo que nunca. Aparte de un par de personajes que lo acompañaron en esta arriesgada aventura, no hay muchos líderes de RN que se sientan cómodos con su actuar. No es tan claro que estén dispuestos a jugarse la vida por defenderlo de ahora en más. La UDI terminó por perderle la confianza y en La Moneda lo consideran un traidor. Incluso la DC puede que lo deje solo. Walker defenderá el acuerdo, pero cuesta apostar a una defensa personal del senador RN.

El binominal tiene sus días contados. ¿Los tiene también Larraín? ¿Cuánto tiempo podrá mantenerse a flote y con tantas tormentas en contra? ¿Quién podrá defenderlo?