La polémica tenía todos los ingredientes para prender rápido: incluía a un rostro de televisión, surgió durante uno de los programas más escuchados de radio Cooperativa y tomó fuerza porque en esta campaña nadie debate ideas y, por lo mismo, los políticos (y los medios) se agarran de cualquier cosa.
Fue el vicepresidente de la DC, Andrés Palma, el “iluminado” que planteó la discusión al decir que Doggenweiler era “la bandera de campaña del diputado Enríquez-Ominami” y que tenía “ventaja” por ser rostro televisivo. Con una velocidad sospechosa durante la misma mañana dos de los voceros del comando de Eduardo Frei, Paula Narváez y Sebastián Bowen, fueron incluso más allá al decir que “cuando hay un personaje que es un rostro importante de un canal, el cómo eso puede influir en una campaña política merece revisión institucional de parte de TVN”.
Hasta ahí parecía una elaborada estrategia de campaña. Hasta que, igual de rápido, el diputado Jorge Burgos, jefe territorial del comando, afirmó lo contrario. “Ella puede hacer lo que quiera”, dijo. Casi al mismo tiempo, el alcalde de Peñalolén y miembro del comando, Claudio Orrego, afirmó que esos cuestionamientos “eran injustos”.
Las posturas contrapuestas dejaban al descubierto un desorden que amenazaba con una avalancha de críticas y una pelea interna de proporciones. Pero, por sobre todo, fue evidenciando que la polémica debía ser aplacada porque las críticas al rol de la animadora demostraba un inaceptable doble estándar de parte del comando.
Desde el Gobierno y la candidatura Freísta se ha defendido hasta el cansancio la idea de que los funcionarios públicos tienen el legítimo derecho de hacer en su tiempo libre lo que quieran. Resulta que ahora Karen no podría. Es decir, ¿los rostros no pueden pero los otros si?
Más serio aún para Frei es que, curiosamente, su hermano mayor, Francisco, es miembro del directorio de TVN. Siguiendo la lógica Palma-Narváez-Bowen, el candidato Enríquez-Ominami bien podría pensar que el primero trabaja al interior del canal público como un operador para que la estación favorezca la campaña de su hermano. Aún más curioso es que toda esta batahola surgió a partir de las declaraciones que Palma formuló en su tribuna semanal en radio Cooperativa, emisora históricamente ligada a la DC y la familia Frei.
Si se sigue la lógica de criticar los vínculos entre rostros, medios y política ¿quién tendría entonces más tejado de vidrio? Y por último, ¿no fue acaso el mismo Frei quien, en su campaña electoral anterior, utilizó a emblemáticas figuras de las teleseries de TVN para que lo respaldaran?
Quizás por lo mismo o seguramente porque la opinión pública se alineó rápidamente detrás de la animadora cuestionada es que Eduardo Frei se hizo el desentendido. Consultado por los periodistas, dijo escuetamente que “las declaraciones de otro no me interesan”, a sabiendas que esos “otros” en realidad son los “suyos”, es decir, miembros de su comando, sus voceros, designados por él mismo con bombos y platillos.
Visto que el jefe los dejaba solos en su aventura, Narváez y Bowen se desentendieron de sus palabras y acusaron mala interpretación. Es decir, que jamás pretendieron pedirle a TVN que evaluara la situación de la animadora.
La estrategia de negar lo dicho tiene el olor y la firma de uno de los más cercanos asesores de Frei, Pablo Halpern. Desde los cuarteles de la campaña comentan que fue él quien recomendó evitar echarle más leña a la hoguera reconociendo el error. Así y pase lo que pase, era mejor decir que nunca se dijo lo que si se dijo, en lugar de reconocer el error. Bowen, no aclares que oscurece. Narváez, quien explica se complica. Mejor dejar las cosas así.
Como sabemos, el debate sobre la vinculación de rostros y política no es nuevo. Ya ocurrió hace algunos años con la torpe teoría de algunos seǵun la cual, la periodista Consuelo Saavedra debía abandonar su puesto en la conducción de “24 Horas” porque su marido, Andrés Velasco, asumía como ministro de hacienda. Susto debió haber pasado en ese momento su colega periodista Mónica Rincón dado que su hermana Ximena también se dedica a la política.
Afortunadamente, en ese momento primó la cordura y nadie dejó su puesto. Que bueno saber que en este caso operó la misma lógica. Hasta, claro, la siguiente y absurda polémica.
Fue el vicepresidente de la DC, Andrés Palma, el “iluminado” que planteó la discusión al decir que Doggenweiler era “la bandera de campaña del diputado Enríquez-Ominami” y que tenía “ventaja” por ser rostro televisivo. Con una velocidad sospechosa durante la misma mañana dos de los voceros del comando de Eduardo Frei, Paula Narváez y Sebastián Bowen, fueron incluso más allá al decir que “cuando hay un personaje que es un rostro importante de un canal, el cómo eso puede influir en una campaña política merece revisión institucional de parte de TVN”.
Hasta ahí parecía una elaborada estrategia de campaña. Hasta que, igual de rápido, el diputado Jorge Burgos, jefe territorial del comando, afirmó lo contrario. “Ella puede hacer lo que quiera”, dijo. Casi al mismo tiempo, el alcalde de Peñalolén y miembro del comando, Claudio Orrego, afirmó que esos cuestionamientos “eran injustos”.
Las posturas contrapuestas dejaban al descubierto un desorden que amenazaba con una avalancha de críticas y una pelea interna de proporciones. Pero, por sobre todo, fue evidenciando que la polémica debía ser aplacada porque las críticas al rol de la animadora demostraba un inaceptable doble estándar de parte del comando.
Desde el Gobierno y la candidatura Freísta se ha defendido hasta el cansancio la idea de que los funcionarios públicos tienen el legítimo derecho de hacer en su tiempo libre lo que quieran. Resulta que ahora Karen no podría. Es decir, ¿los rostros no pueden pero los otros si?
Más serio aún para Frei es que, curiosamente, su hermano mayor, Francisco, es miembro del directorio de TVN. Siguiendo la lógica Palma-Narváez-Bowen, el candidato Enríquez-Ominami bien podría pensar que el primero trabaja al interior del canal público como un operador para que la estación favorezca la campaña de su hermano. Aún más curioso es que toda esta batahola surgió a partir de las declaraciones que Palma formuló en su tribuna semanal en radio Cooperativa, emisora históricamente ligada a la DC y la familia Frei.
Si se sigue la lógica de criticar los vínculos entre rostros, medios y política ¿quién tendría entonces más tejado de vidrio? Y por último, ¿no fue acaso el mismo Frei quien, en su campaña electoral anterior, utilizó a emblemáticas figuras de las teleseries de TVN para que lo respaldaran?
Quizás por lo mismo o seguramente porque la opinión pública se alineó rápidamente detrás de la animadora cuestionada es que Eduardo Frei se hizo el desentendido. Consultado por los periodistas, dijo escuetamente que “las declaraciones de otro no me interesan”, a sabiendas que esos “otros” en realidad son los “suyos”, es decir, miembros de su comando, sus voceros, designados por él mismo con bombos y platillos.
Visto que el jefe los dejaba solos en su aventura, Narváez y Bowen se desentendieron de sus palabras y acusaron mala interpretación. Es decir, que jamás pretendieron pedirle a TVN que evaluara la situación de la animadora.
La estrategia de negar lo dicho tiene el olor y la firma de uno de los más cercanos asesores de Frei, Pablo Halpern. Desde los cuarteles de la campaña comentan que fue él quien recomendó evitar echarle más leña a la hoguera reconociendo el error. Así y pase lo que pase, era mejor decir que nunca se dijo lo que si se dijo, en lugar de reconocer el error. Bowen, no aclares que oscurece. Narváez, quien explica se complica. Mejor dejar las cosas así.
Como sabemos, el debate sobre la vinculación de rostros y política no es nuevo. Ya ocurrió hace algunos años con la torpe teoría de algunos seǵun la cual, la periodista Consuelo Saavedra debía abandonar su puesto en la conducción de “24 Horas” porque su marido, Andrés Velasco, asumía como ministro de hacienda. Susto debió haber pasado en ese momento su colega periodista Mónica Rincón dado que su hermana Ximena también se dedica a la política.
Afortunadamente, en ese momento primó la cordura y nadie dejó su puesto. Que bueno saber que en este caso operó la misma lógica. Hasta, claro, la siguiente y absurda polémica.





