jueves, 24 de enero de 2013

Sera posible elegir ??

No es casualidad. En el Gobierno están convencidos de que todos tenemos las mismas posibilidades de elegir en todo momento, que contamos siempre con información suficiente y tiempo de sobra para sopesar alternativas y riesgos, y que sin duda somos mejores tomadores de decisiones que los planificadores centrales “que pretenden controlarlo todo”. Sus campañas comunicacionales son un reflejo de ello, en el fondo confían menos en las políticas públicas que en las personas y lo gritan a los cuatro vientos. Así, hemos visto en estos tres años un sinnúmero de invitaciones a elegir en el marco de campañas sanitarias de las cuales depende el éxito de las políticas de Salud Pública: “Elige Vacunarte”, “Elige prevenir las enfermedades respiratorias”, “Elige Prevenir el Hanta”, “Elige Prevenir Cólera, Hepatitis A y Diarreas”, “Elige No Fumar”, y como el corolario de todas, el flamante “Elige Vivir Sano”. El último video del candidato Golborne también tiene ese sustrato, pues bajo la mirada de nuestra derecha criolla el hombre se sobrepuso a nacer en Maipú y en una familia de clase media y ahora puede aspirar a dirigir el país. Como si nadie lo hubiera hecho antes. Como si sólo dependiera de su esfuerzo personal. Es el mito de la meritocracia chilena junto al paradigma liberal refundidos en un solo producto de consumo masivo. El problema para quienes no compartimos esta mirada bucólica del Sistema no es que no creamos en la libertad como un bien, ni que confiemos necesariamente más en la planificación centralizada “tipo soviética” que en la capacidad de las personas para desarrollar sus proyectos personales. El problema es que como la cancha no es igual para todos, y como no todos partimos la carrera en la misma línea ni en el mismo momento, la libertad de millones no es más que una ilusión, un chiste de mal gusto y, a partir de eso, evidentemente las posibilidades de surgir sólo en base al esfuerzo personal son para muchos, muy excepcionales. En el caso de todas las campañas sanitarias de este Gobierno y especialmente en su Programa Elige Vivir Sano, la conclusión final es algo así como “Bueno, no diga que no se lo advertimos, si no elige bien, si se enferma, es su responsabilidad, no nuestra”. La evidencia internacional demuestra que muchas de las conductas asociadas a patologías tanto transmisibles como no transmisibles, están condicionadas fuertemente por factores fuera del alcance de las decisiones personales, que son los llamados “determinantes sociales de la salud”, que favorecen la adopción de buenos hábitos en poblaciones más educadas y de mejores ingresos y, por otra parte, determinan hábitos más nocivos para la salud en aquellos grupos poblacionales socioeconómicamente más desfavorecidos. En este sentido, la real capacidad de “elegir vivir sano” se encuentra fuertemente restringida en los segmentos más vulnerables de la población. En efecto, ahora que el Ejecutivo quiere institucionalizar su Programa como un “Sistema”, todo en el proyecto de ley parece girar en torno a poner al Estado en una posición de “recomendar” la adopción de hábitos. Para millones de personas hoy en Chile esa supuesta opción es una quimera. ¿Qué posibilidades reales tiene un obrero de la construcción para elegir vivir sano si debe levantarse a las 5 de la mañana, viajar dos horas en un transporte público poco amigable para llegar a trabajar a un lugar donde arriesga la vida en cada paso, y que al caer la tarde demora otras dos horas en llegar a su casa al otro extremo de la ciudad? ¿O las madres que deben criar solas a sus hijos y cuya accesibilidad pública a servicios de cuidado infantil preescolar de calidad es claramente insuficiente? Uno de los aspectos relevantes en salud pública es la reflexión sobre cómo lograr cambios conductuales. Dentro de las teorías y modelos de cambio del comportamiento se han identificado cuatro planos de influencia para los patrones de conducta y las condiciones saludables: i) factores individuales, ii) factores interpersonales; iii) factores organizativos y comunitarios; y iv) factores de políticas públicas. La correcta interrelación entre iniciativas que intervengan en cada uno de estos planos es clave para el éxito de ellas; al contrario, privilegiar una en desmedro de las otras constituye un factor de riesgo de fracaso de los esfuerzos. Toda la idea publicitaria en torno a este Programa no parece reflejar estas reflexiones, poniendo en el nombre mismo un aspecto que parece ser central en la inspiración del Ejecutivo: las personas pueden elegir vivir sanamente y si no lo hacen, surge la enfermedad como consecuencia de decisiones equivocadas, pero libres. Las estrategias de cambio de conductas individuales han demostrado no tener efecto si no se asocian a un componente de políticas y planes destinados a abordar los determinantes sociales tales como educación, empleo, nivel socioeconómico, equidad, regulación de la industria y de la publicidad, entre otros elementos. Esta regulación debe hacerse de manera transparente y no intermediada o visada por la propia Industria regulada. Por ello, la idea de que el Programa Elige Vivir Sano se financie de manera significativa con aportes de las propias industrias alimenticias debiera llamar a la reflexión. En efecto, la Fundación de la Familia, que preside la Primera Dama, ha concentrado el grueso de las donaciones sociales en 2012, una parte importante de las cuales proviene se la industria alimenticia. A cambio, estas empresas se han beneficiado de las franquicias tributarias para donaciones sociales, y han asociado comunicacionalmente sus productos al programa gubernamental en cuestión. Esto plantea una duda razonable respecto de la independencia del Programa, o de la política pública en general, para poder avanzar en ámbitos regulatorios, lo que a mi juicio representa una debilidad manifiesta de esta iniciativa. No es que la idea de Elegir sea mala o perversa, es simplemente insuficiente. La omisión de los factores biosicosociales revela la falta de una mirada global que considere la intervención en los patrones de comportamiento como un desafío de política pública multifactorial y activo, y no como una simple invitación a elegir entre opciones, con consecuencias exclusivas sobre el agente que toma la decisión. ¿Es posible entonces elegir? Bueno, sí, pero sólo a veces. Aunque no es suficiente para hacer políticas públicas, ni menos para construir un proyecto de país.