lunes, 13 de agosto de 2012
¿La representación de la realidad?
“¿Qué esperas cuando vas al teatro?” Le pregunté a alguien por ahí. “Entretención”, me respondió sin dudar.
“¿Por qué crees que en el teatro vas a encontrar entretención?”, le insistí.
“Porque sí, porque es probable que lo que vea me haga reír, sentir y pensar. Eso me entretiene”.
“Perfecto, entonces partamos de la base de que el teatro te entretiene porque promueve tus sentimientos, te posibilita la reflexión y puede permitirte el placer de la expresión. Esto te sucede por el sólo hecho de acontecer ante tu presencia, es decir, que eso que ocurre en el escenario desde tu punto de vista, debería estar confeccionado de alguna manera para ti o a tu medida”.
“Ahora bien, es necesario establecer que en esta situación, tu eres un representante o una muestra de toda una audiencia y tu opinión se puede considerar válida, por el sólo hecho de querer ejercerla tras haber sido parte de un público”.
La experiencia teatral es colectiva. A través de ella se puede generar una vivencia comunitaria, donde los que miran desde las butacas y los artistas que hacen sobre las tablas, se encuentran durante el tiempo que dura la representación, para compartir algo que a la larga se puede resumir en energía.
Sin embargo, la recepción de la pieza presentada es definitivamente una experiencia individual en tanto que varía según las particularidades y necesidades de cada ser humano que la digiere.
Entonces, la pregunta siguiente sería, “¿Buscas que lo que suceda sobre el escenario, te entretenga porque es capaz de interpretarte de alguna manera? Es decir, que lo que en el escenario ocurre podría ser un reflejo de ti mismo, tus gustos, tus deseos, tus problemas, tu opinión o tu forma de ver el mundo”.
“Sí, claro”. Me respondió sin dudar y yo continué con otra interrogante, “¿Deseas que lo que pase sobre el escenario sea un espejo de tu realidad?”.
“Sí, de la realidad cercana a mí, prefiero eso a ver algo que hable de los sueños”.
Entonces reflexioné, “pero los sueños también son parte de la realidad, porque provienen del inconciente del ser humano, que es algo que existe. Lo descubrió Freud, está en el cerebro, es materia y por tanto es real”.
Dejando un poco de lado el tema de lo onírico y para entender mejor a mi improvisado entrevistado, representante del mundo de los espectadores, traté de preguntarme a mí misma sobre el hecho de la entretención y la representación en la forma en que actualmente hago ejercicio del oficio teatral. Entonces fue que mi cabeza empezó a armar las siguientes interrogantes.
“¿Cuándo hago una obra de teatro, me preocupo de que sea entretenida?, ¿Pienso que puedo divertir a los espectadores si es que logro reproducir un poco de realidad en la que puedan hipotéticamente existir? Cuando construyo un montaje, ¿me preocupo por generar espacios donde el público se sienta reflejado, interpretado o seducido? ¿Cómo puedo unificar las expectativas individuales de identificación de la audiencia? ¿Qué es lo que busco reproducir cuando actúo, dirijo actores o hago la dirección total de una puesta en escena?, ¿busco recrear la realidad cercana de alguien en particular?”.
Después de unos segundos y sin tener muchas respuestas concretas, volví a indagar en a mi interlocutor.
“Si en el teatro esperas encontrar entretención, que es el resultado de algo que te pasa a nivel sensorial e intelectual y que probablemente te ocurre cuando lo que te ofrece una obra, es cercano a tu realidad porque en ella te ves a ti mismo. Entonces, ¿qué te podría defraudar de lo que un montaje te presenta como realidad?”.
La respuesta tardó un poco en llegar. Tal vez porque estaba entrando en temas específicos que mi entrevistado no tenía por qué entender de buenas a primeras. No pertenecía al rubro del teatro pero había visto mucho y conversaba desde la opinión general que le provocaba ser público de cualquier tipo de montaje teatral.
Entonces pensé que sería mejor ejemplificar con un elemento concreto y le pregunté por las actuaciones. “¿Qué te puede molestar de un actor encargado de reproducir con su interpretación esa realidad que tú buscas?”
“Me gustaría ver actores que actúen como en la vida”, me contestó. Y yo, para dilucidar a qué se refería con eso de “como en la vida”, insistí con, “¿te podría caer mal la sobre actuación, la mentira, la exageración?”
“Sí, obvio”.
Ah, entonces, “¿Esperas que la performance de un actor sea verdadera o natural?”
“Mmmmm, no. Espero que actúe con honestidad”. Esa fue la respuesta definitiva.
Y con esa última frase, me quedé pensando que cuando lo sincero se asoma, es evidente, la empatía es inmediata y resulta fácil sentirse interpretado o verse reflejado en un otro, tanto en la vida como sobre el escenario.
Comparto. La puesta en escena completa, debe ser construida desde el sensible motor de la honestidad.
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